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22 de enero de 2024

Los mastines y otros perros pastores son útiles, pero a veces peligrosos

El 15 de enero de 2011, en un paseo con unos amigos y las respectivas hijas por una zona lobera de Cantabria, salió de un prado cercado a la pista por la que andábamos un juguetón cachorro de mastín. Mi mujer se puso muy nerviosa, casi podríamos decir que histérica sino fuera por las connotaciones machistas del término. Pero tiene motivos para ello, porque en mi compañía ha tenido varios "encuentros" con perros de esta raza en Araba, Cantabria y Asturias. Y eso que se perdió ver el ataque de uno de estos preciosos perrazos a un servidor. Para más inri, era un mastina que había acariciado muchas veces antes del ataque, e incluso lo llegué a hacer después del ataque. El dueño de la misma, además de pastor de ovejas, es pariente lejano mío. Por resumir, digamos que tuve mucha suerte de salir sin heridas de un ataque a la carrera que me rasgó el pantalón corto que llevaba, que quedó colgando de la trabilla del mismo, todo ello aderezado por los ladridos grandiosos propios de esta raza. Para más detalles sobre ataques a excursionistas en la Sierra de Gibijo y en Sierra Sálvada, véase esta noticia de El Correo y esta otra. En esta fotografía y en las siguientes, la secuencia cronológica de un ataque de un perro pastor a una de las ovejas que cuidaba sin pastor en la Sierra de Gibijo, entre Untza y el Salto del Nervión. 
Como es sabido y ha sido estudiado, no sólo atacan a personas, también al ganado. Para saber más al respecto, véase esta noticia de El Correo.
Como puede verse en esta fotografía, le arrancó varios mechones de lana a bocados.
Y como puede verse en esta fotografía, si era un juego, era un juego muy peligroso. Todo esto pasó, como es habitual, en ausencia del pastor o dueño de las ovejas y mastines. A mi me atacó una mastín en presencia del pastor. El pastor la llamó al orden, pero no obedeció. El mastín no parece una raza de perro que pueda estar en el monte cuidando ovejas en ausencia de pastor como sucede hoy en día en el Parque Natural de Gorbeia y Sierra Sálvada. Sé de otros "sucedidos" parecidos que no han trascendido a los medios de comunicación. También sé del hijo pequeño de un pastor de Sierra Sálvada que fue mordido por uno de los mastines de la familia en la cabeza, librándose por suerte de la muerte y de heridas graves.
Como prueba de que me gustan los mastines y el resto de los perros pastores y de que confío en ellos cuando están bien educados, incluyo esta fotografía de mi hija pequeña con una mastín de pura raza, tomada el 30 de julio de 2011 en el Puerto de Leitariegos, municipio de Cangas de Narcea (Asturias).
Mi amigo Sergio de Juan la mañana del 5 de junio de 2023 presenció y grabó el ataque mortal de tres perros a una oveja junto a Peñas Blancas, municipio de Barakaldo (Bizkaia).

10 de noviembre de 2022

Las ovejas en Euskal Herria en los últimos 500 años

Como tantos otros interesados por la cultura vasca, he vivido engañado. Varios premiados escritores y venerados sacerdotes nos contagiaron su espíritu romántico y durante muchos años hemos dado por buenos relatos que, efectivamente, estaban construidos sin fundamento histórico alguno. Afortunadamente, hay archivos donde se ha conservado documentación que solo en las últimas décadas algunos historiadores han estudiado y que les ha permitido obtener conclusiones irrebatibles. Uno de esos investigadores es el prolífico Álvaro Aragón Ruano, historiador de la Universidad del País Vasco. En el año 2021 publicó el artículo "Circulación de ganado y vías pecuarias en el País Vasco (español y francés) y Navarra durante la Edad Moderna" en el número 18 de la revista Iura Vasconiae.
Lo cierto es que esas construcciones románticas están tan interiorizadas que son muchos los que se toman su investigación y discusión como una ofensa o un ataque. Y claro, es que pensábamos que los vascos habían hecho queso de oveja en las chabolas de las sierras vascas desde el Neolítico y que, en sus ratos libres, habían construido dólmenes o crómlech y erigido menhires, y por las noches se habían entretenido contando sus encuentros casuales con lamias o con la misma Mari cruzando el cielo oscuro como un meteorito inmenso. Pues bien, nada de eso es cierto. Durante la Edad Media apenas había ganado ovino; la mayoría era vacuno y le seguía en importancia el porcino. Escribe Álvaro Aragón en ese artículo: "durante la Edad Media la principal cabaña en el área atlántica fue la de ganado vacuno, acompañada por las piaras de porcino, mientras que en el área pirenaica navarra y mediterránea predominó la cabaña ovicaprina, también acompañada por el ganado porcino...El ganado menudo no aparece documentalmente prácticamente hasta el siglo XIV, como ya han constatado otros autores."
No fue la leche de las ovejas para hacer queso "Idiazabal" ni la exquisita carne de cordero, sino los beneficios de la producción de lana lo que animó a las clases altas a iniciarse en la ganadería ovina. Escribe Álvaro Aragón: "a partir de comienzos del siglo XV el ganado menudo (ovino y caprino) ya parece concitar el interés de los Parientes Mayores y las clases altas; es decir, si hasta la fecha dicha cabaña ganadera estaba principalmente relacionada con los habitantes de las villas, con las clases medias y bajas, a partir de entonces también aparece en manos de la clases altas...parece que, a partir del siglo XIV -como sí se constata documentalmente en las vecinas Navarra, Aragón o Castilla, a consecuencia del abandono de las tierras de labor, derivado de la crisis demográfica, y su reconversión en tierras de pasto, gracias al incentivo de la demanda de lanas desde Flandes-, se pudo producir un aumento de la cabaña ovicaprina en los territorios costeros vascos."
Si la ganadería bovina provocaba daños a las plantaciones de robles, castaños y hayas, que suministraban las materias primas que requerían la construcción naval y las ferrerías, y que alcanzó una importancia económica mucho mayor que la ganadería y la agricultura, no sucedía lo mismo con las ovejas, que provocaban daños mucho menores, ya que los brinzales que se sacaban de los viveros tenían altura suficiente para que no los dañasen una vez trasplantados en el monte. Escribe Álvaro Aragón: "a partir de 1457, con las medidas adoptadas contra los bandos por Enrique IV, pero sobre todo de 1490, cuando los Reyes Católicos prohibieron los bandos urbanos y su presencia en los gobiernos concejiles,...esos grupos de poder fueron sustituidos por los "omes buenos", la mayoría de ellos, pertenecientes a las nuevas oligarquías,...les llevó a facilitar la expansión de la cabaña ovicaprina, teniendo además en cuenta los daños que el ganado vacuno ejercía sobre los bosques, esenciales para la construcción naval y la industria ferrona."
El aumento del ganado ovino fue tan rápido y desordenado que muchos concejos impusieron limitaciones al número de cabezas que podían subirse a los pastos de verano. Escribe Álvaro Aragón: "las ordenanzas de Yurre de 1561...prohibían que ningún vecino tuviera más de 55 ovejas y un carnero o 100 corderos antes del día de Quasimodo (28 de abril), es decir, justo en el momento de desplazarse a los pastos de verano...las ordenanzas de Laguardia de 1579 hablan claramente de la importancia del ganado ovino, por encima del resto, y establecen que ningún vecino pueda introducir en los pastos de la villa más de 350 cabezas."
Aunque en Flandes usaban lana de máxima calidad, como la de las ovejas de raza merina, en los telares del País Vasco francés usaban también lana de raza "latxa", lo que favoreció que aumentase el ganado ovino. Escribe Álvaro Aragón: "...la expansión de la industria textil francesa, que experimentó un empuje definitivo desde mediados del siglo XVII...-los telares de Olorón y Mauleón también importaron lana de oveja latxa desde Guipúzcoa, al menos desde la década de 1610-, provocó una inusitada expansión de la cabaña ovina..."
Si ahora nos parece normal que un rebaño de ovejas pase la mitad del año en los pastos de las montañas, a donde los pastores suben con sus todoterrenos desde sus casas, puedo decir que yo he conocido el tiempo en el que los rebaños se recogían al anochecer en los rediles y los pastores dormían en las majadas. Y en el pasado incluso no se podían mantener las ovejas en los pastos durante la noche y debían ser bajadas a los pueblos diariamente. El Fuero de Vizcaya establecía que el ganado debía ser pastoreado durante el día y recogido durante la noche. Las ovejas debían bajarse de los pastos a los pueblos, mientras que el ganado mayor podía permanecer en los pastos, donde debía ser custodiado por los pastores en corrales. Escribe Álvaro Aragón: "El Fuero Nuevo de Vizcaya de 1526, sensu stricto, desbarataba la posibilidad de una trashumancia media entre las sierras del interior y la costa -como ocurrirá también en Guipúzcoa y trataremos a continuación-, pues establecía el pasto de sol a sol."

"echar una vez al dia por la mañana á los montes, y exidos altos, y pastos acostumbrados, con guarda, é piertiga, que los guarde, y traya de Sol, á Sol...Y vueltos de noches, los tengan encorralados los Ganados menudos, asi como Cabra, Oveja, y Puercos, y tambien los Ganados mayores, si se baxaren de los tales exidos, y pastos, só pena, que el dueño de el tal Ganado mayor, assi como cavallar, y cabras, y otros Ganados mayores, paguen quatro maravedis, y mas el daño, solamente por lo de dia. Y si entrare de noche, pague el daño doblado con la dicha pena doblada."

19 de noviembre de 2020

Los efectos perjudiciales de los incendios forestales

Dentro de Europa el fuego es un elemento natural y común en la región Mediterránea, donde afecta a Grecia, Italia, Francia, España y Portugal. Al contrario, en la región Eurosiberiana es un elemento más raro y dañino. Aquí, los bosques y matorrales protegen al suelo del impacto de la lluvia y mediante el entramado de sus raíces, lo sostienen, evitando su erosión. Sin embargo, en la Cordillera Cantábrica la repetición de los incendios forestales provocados por el ser humano ha generado una pérdida extrema de la calidad del suelo en extensas zonas. La mayoría de los fuegos se producen durante el invierno con el objetivo de obtener pastos para el ganado en primavera y verano y porque el omnipresente helecho común (Pteridium aquilinum) dificulta la propagación del fuego mientras permanece verde. El manejo con fuego es mucho más agresivo que los desbroces, más sostenibles y recomendables.
El fuego destruye sobre todo las partes aéreas de las plantas, pero también afecta a las raíces y las semillas, y el daño que produce depende de la penetración de su calor en el perfil del suelo y de la intensidad y duración del mismo. El fuego puede producir daños importantes en los árboles, afectando a su crecimiento y a su salud, haciéndolos más sensibles a los ataques de insectos y hongos, que pueden acabar causándoles la muerte. En muchos casos, este efecto letal no es visible hasta pasados varios meses desde el incendio. Las cenizas generadas en los incendios tienen un efecto inhibidor de la germinación de las semillas en la mayoría de las especies vegetales, excepto en el abedul (Betula spp.) y en algunas especies de gramíneas, como las del género Agrostis. La germinación de las semillas de las argomas o tojos (Ulex spp.) y las cistáceas se ve estimulada si la temperatura alcanzada en los incendios es alta. Solo cuando esta es moderada, estimula la germinación de las ericáceas, como los brezos (Erica spp.). 
Las argomas son plantas pirófitas, beneficiadas por el fuego, con un importante sistema radical que sobrevive al fuego y rebrota intensamente después de los incendios, lo que unido a la estimulación de la germinación de las semillas, provoca que sea favorecida por los incendios, mientras que los brezos, con un sistema radical superficial y poco desarrollado, no sobreviven al incendio y, por lo tanto, tienen que regenerarse exclusivamente por germinación de las semillas que, además, no es rápida, ya que se produce en la primavera siguiente al incendio. Por ello, muchos brezales-argomales que sufren incendios evolucionan hacia argomales puros. Los suelos ocupados por papilionáceas de los géneros UlexCytisus y Genista son el resultado de la degradación de los bosques climácicos, favorecidas por la reiteración de los incendios, que impiden su recolonización por árboles.
Numerosos animales mueren durante los incendios porque no consiguen huir del fuego. Resulta particularmente afectada la meso y microfauna, dependiendo de la penetración del calor en el suelo y de su intensidad. La microbiota, el principal agente responsable de la descomposición de la materia orgánica, resulta particularmente afectada, no solo por el incendio, que puede esterilizar la superficie del suelo, sino también por la deposición de cenizas. Las condiciones del suelo quemado provocan el aumento de bacterias y la disminución de los hongos, las cianobacterianas y las algas.
Los principales problemas ambientales provocados por los incendios forestales son la degradación y la erosión del suelo debido a los cambios físicos y químicos que generan en su textura, en su comportamiento hídrico, en su estructura, así como por la pérdida de materia orgánica, que en parte se volatiliza y en parte se convierte en cenizas. Estos cambios son el motivo del aumento de la erosión que sufren los suelos quemados, más importante cuanto más repetidos, duraderos e intensos sean los mismos y cuanto mayor sea la pendiente de los suelos afectados. Cuando la erosión es severa aparecen canales y cárcavas, erosión laminar y suelos desordenados, producto de la erosión hídrica sobre las laderas.
La intensidad y la duración del incendio son dos factores fundamentales. Cuando el calentamiento supera los 220º C o los incendios se repiten con frecuencia, los cambios afectan a las propiedades físicas del suelo, suelen ser irreversibles y culminan con una degradación generalizada de la estructura y del comportamiento hídrico del suelo. Los incendios provocan un aumento del contenido de la fracción arenosa debido a la agregación de las partículas de arcilla debido a las altas temperaturas. Al mismo tiempo, los agregados de materia orgánica e inorgánica del suelo se rompen por la combustión de la materia orgánica, lo que provoca una degradación de la textura por la pérdida de finos, que rellenan los poros del suelo, provocando un descenso de su porosidad. Todo ello genera la disminución de la capacidad de almacenamiento de agua que tiene el suelo. En los casos de erosión severa, se han detectado incrementos muy marcados de la pedregosidad superficial en algunas zonas de la Cordillera Cantábrica.
El potencial erosivo de la lluvia depende de su impacto directo sobre el suelo, que a su vez, depende de la intensidad de la lluvia y de su capacidad para arrastrar partículas del suelo. Esto depende principalmente de la cantidad de lluvia que cae y no se infiltra y de la erosionabilidad del suelo, en lo que influye la cubierta vegetal y la topografía. El efecto del fuego sobre la erosión está muy ligado al que tiene sobre el ciclo hidrológico. Las gotas de lluvia son interceptadas por la vegetación, que además, disminuye la velocidad del agua de escorrentía, por lo que es contraproducente la limpieza y saca de los restos de incendios. La lluvia que alcanza el suelo es absorbida por la hojarasca hasta que se satura. El resto del agua se infiltra, penetrando hasta los horizontes minerales del suelo, donde parte es retenida por las partículas minerales o en los poros capilares y parte se infiltra hasta alcanzar la capa freática. Si la cantidad de agua que llega a la superficie es mayor que la suma de la que absorbe el suelo y de la que se infiltra, la parte restante fluye por la superficie, constituyendo el agua de escorrentía que produce erosión.
Los incendios forestales afectan a todos estos procesos del ciclo hidrológico. Cuando la cubierta vegetal es eliminada por el fuego, la interceptación y la transpiración disminuyen, y la evaporación desde el suelo aumenta debido a que su superficie, desprovista de vegetación, queda expuesta a la insolación y al viento. El ennegrecimiento del suelo también contribuye al aumento de la evaporación porque lo hace la absorción de la radiación solar. El agua que absorbe el horizonte superior del suelo, rico en materia orgánica, disminuye mucho. Además, las gotas de lluvia, al golpear directamente sobre la superficie desnuda del suelo, producen el arrastre de partículas, incluidas las cenizas. Estas partículas se infiltran y se introducen en los poros gruesos, obturándolos, lo que reduce la infiltración del agua, aumentando la escorrentía y el arrastre de partículas. En los incendios de alta intensidad se genera una capa repelente al agua a cierta profundidad bajo la superficie del suelo debido a los compuestos hidrófobos producidos durante la combustión. Lógicamente, esto provoca un aumento de la escorrentía y la erosión del suelo por encima de dicha capa hidrófoba. Alrededor del 80% de la erosión después de un incendio se produce durante los tres o cuatro primeros meses.
Durante los incendios, los nutrientes son liberados y se concentran en la capa de cenizas que queda sobre el suelo, pero la mayoría se pierden volatilizados o lavados por el agua. Los incendios de gran intensidad pueden causar la destrucción total de la materia orgánica del suelo, aunque lo habitual es que solo se destruya parcialmente. Esta pérdida de materia orgánica disminuye la capacidad de retención de agua de las capas superficiales del suelo y solo se recupera al cabo de cinco o diez años después del incendio. En los suelos intensamente quemados aumentan el hierro y el fósforo y disminuyen el calcio, el sodio, el potasio y el magnesio.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
"Los incendios forestales", de María Tarsy Carballas, veterana científica gallega, nacida en Taboada (Lugo) en el año 1934, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), licenciada en Química, doctora en Farmacia y especializada en Edafología.

El historiador Alberto Santana Ezkerra me ha indicado que en el libro "Cinturón verde del Bilbao metropolitanoa", publicado por la Diputación Foral de Bizkaia en el año 2011, explicó que en el pasado los castigos a los que provocaban incendios forestales fueron muy severos:
"La protección de los montes de la comarca preveía penas y castigos severísimos para quienes pusieran en peligro el arbolado de los montes, y en particular para quienes provocaron incendios. Un ejemplo de esta normativa ejemplarizante, que no se compadecía ni siquiera de la edad de los eventuales pirómanos, lo encontramos en el Fuero de las Encartaciones redactado en 1503, que advierte que `Qualesquier persona, ansi varones como mujeres, que pusieren fuego en sierra o montes, y por el tal fuego algunos arboles o seles o alguna persona o personas se quemare, que pague el danno al duenno de los tales arboles e seles e sierra, e mas mil maravedís. Si fuera un menor de edad de catorze años que le corten las orejas, e si fuere maior de catorze annos que aia esa misma pena e yaga seis meses en el çepo". 

14 de febrero de 2020

El pastor

La imagen romántica que tienen los habitantes de las ciudades de los pastores de las montañas vascas poco se corresponde con la realidad. Aunque aún puede verse a los pastores guiando a pie sus rebaños con la ayuda de sus perros pastor, lo cierto es que el vehículo todo terreno ha sustituido a las largas caminatas. La Administración ha convertido los caminos de los pastores en pistas adecuadas para el trasiego de los automóviles 4x4. En el año 2010 en Orozko quedaban 4 pastores que pasaran toda la temporada de ordeño en las "txabolas" de Gorbeia: dos en Austegiarmin (Vicente Goti, fallecido, de Oketa y Luis Larrea, de Zaloa), uno en Lexardi, dentro de Itzina (José María Olabarria, de Urigoiti) y uno en Ubizieta (José Ereño, de Zendegi). Hice esta fotografía en Usabel, municipio de Orozko.
Aunque asociemos al pastor con una determinada vestimenta consistente en unas abarcas de goma, pantalón azul "arrantzale" y boina o "txapela", hace sólo un siglo, las abarcas que calzaban los pastores eran de cuero, y en lugar de pantalón de algodón y boina llevaban el "kapusai", una capa con caperuza hecha con lana y carente de mangas. Hice esta fotografía en el Museo de Orozko.

4 de enero de 2019

Algunos agricultores y ganaderos cobran subvenciones superiores al salario del Lehendakari

La Política Agrícola Común (PAC) gestiona las subvenciones que se otorgan a los agricultores y ganaderos de la Unión Europea. El Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) es un Organismo Autónomo, adscrito al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, a través de la Secretaría General de Agricultura y Alimentación. Parte de sus datos actualmente son públicos y accesibles a través de Internet en la página del FEGA. He realizado una búsqueda de los tres agricultores/ganaderos particulares que más dinero cobraron en el año 2017 del FEGA en cada uno de los municipios que poseen parte de su territorio dentro del Parque Natural de Gorbeia:

ARABA

Urkabustaiz
  • 1º, 44.516,97 euros.
  • 2º, 39.692,12 euros.
  • 3º, 34.474,61 euros.
Zigoitia
  • 1º, 122.292,51 euros.
  • 2º, 81.969,63 euros.
  • 3º, 79.534,04 euros.
Zuia
  • 1º, 44.745,12 euros.
  • 2º, 40.882,41 euros.
  • 3º, 37.792,35 euros.
BIZKAIA

Areatza
  • 1º, 36.678,94 euros.
  • 2º, 1.975,48 euros.
  • 3º, 1.565,37 euros.
Artea
  • 1º, 27.045,65 euros.
  • 2º, 19.707,65 euros.
  • 3º, 9.085,22 euros.
Orozko
  • 1º, 90.582,49 euros.
  • 2º, 37.024,18 euros.
  • 3º, 28.621,00 euros.
Zeanuri
  • 1º, 43.269,16 euros.
  • 2º, 28.054,89 euros.
  • 3º, 24.257,54 euros.
Zeberio
  • 1º, 32.939,01 euros.
  • 2º, 30.128,55 euros.
  • 3º, 29.265,81 euros.
Tras realizar una búsqueda de los importes superiores a 98.494 euros (el salario bruto en el año 2017 del Lehendakari según el Portal de Transparencia de la página web del Gobierno Vasco), aparecen 6 agricultores/ganaderos particulares en Araba y 7 en Bizkaia. Es decir, en Araba y Bizkaia 13 agricultores/ganaderos particulares cobraron más dinero en subvenciones de la PAC que el salario bruto del Lehendakari.

9 de julio de 2018

Origen y evolución del pastoreo en el País Vasco

El 5 de julio de 2018 en el canal de televisión ETB2 dentro de la segunda temporada de "Una historia de Vasconia" emitieron el capítulo "El primer pastor vasco" donde su director, el historiador Alberto Santana dio a conocer las conclusiones de algunos estudios realizados en los últimos años sobre el origen y la evolución de la ganadería y el pastoreo en el País Vasco a lo largo de los últimos siglos, que contradicen una idea concebida sin base histórica que ha llegado hasta casi la actualidad, cuando unos pocos investigadores, entre los que destaca el historiador de la Universidad del País Vasco Álvaro Aragón Ruano, la han estudiado, llegando a conclusiones que nos han sorprendido a todos, incluido el citado autor. Entre ellas, que el pastoreo con ovejas en las montañas vascas desde el inicio de la primavera hasta el comienzo del invierno tiene menos de 250 años de historia.
El origen del megalistimo hace 11.600 años se encuentra en el denominado Creciente Fértil, en Oriente Próximo. Poco después aquellos cazadores-recolectores se convirtieron en ganaderos y agricultores y desde allí se expandieron a través del continente europeo, llegando a través del valle del Ebro hasta el País Vasco hace unos 6.720 años, según explica en el citado capítulo de "Una historia de Vasconia" el catedrático de Prehistoria de la Universidad del País Vasco Javier Fernández Eraso, en base al estudio del yacimiento Abrigo de los Husos II, en el municipio de Elvillar (Álava), en la sierra de Toloño. En Oriente Próximo domesticaron primero la oveja y después la cabra y también allí comenzaron a cultivar trigo y cebada, y desde allí llegó la agricultura y la ganadería al País Vasco después de varios miles de años, en los que aquellos primeros agricultores y ganaderos asiáticos fueron generando una nueva población tras reproducirse en Europa con las poblaciones locales cazadoras-recolectoras que iban encontrándose en su expansión europea. Durante el Neolítico todos los pobladores europeos acabaron por adoptar la ganadería y agricultura, y con ello el sendentarismo. Estos ganaderos y agricultores asiáticos trajeron consigo una serie de creencias y la construcción de dólmenes, menhires y otros monumentos megalíticos. Sin embargo, aún en el siglo XX los pastores vascos atribuían la construcción de los megalitos a los basajaunak, los gentiles vascos.
Como explica Álvaro Aragón Ruano en dicho capítulo, hasta el siglo XVI los rebaños de vacas pertenecían al clero y a la nobleza. Por entonces, la riqueza se basaba en la posesión de ganado, vacuno principalmente. El auge de las ferrerías, la riqueza que generaban y la necesidad de madera para su funcionamiento, hizo que muchos de los ricos (aberatsak en euskera, que procede de abere=cabeza de ganado) decidieran sustituir el ganado vacuno, que provocaba daños en las plantaciones forestales que se realizaban para la obtención de madera, por ovejas. Hasta el siglo XVII el ganado no salía de la propia jurisdicción. Es a partir de entonces cuando comenzaron los traslados de ganado de más de 20 km de distancia, en Gipuzkoa desde la zona costera a las montañas de la divisoria de aguas.
En los montes públicos de Bizkaia, Gipuzkoa, norte de Álava y parte de Navarra hubo casi 40.000 seles (korta o gorta en el euskera de Bizkaia y territorios limítrofes, saroi o sarobe en el euskera de gran parte de Gipuzkoa o bustaliza en gran parte de Navarra; de busto, que significa rebaños de vacas). Nacieron para el pastoreo con vacas y eran parcelas circulares con una piedra situada en su centro llamada piedra cenizal (austerritza) y 4, 8 o incluso 16 mojones periféricos (baztemugarriak) cuyo uso se cedía durante tiempo limitado. Había seles "mayores" y "menores"; los de invierno eran mayores y se pastaban durante 8 meses y los de verano, más pequeños, durante 4 meses. En Bizkaia se reconocen desde el aire unos 250 seles, la mitad de ellos son invernizos y tienen una superficie media 16,4 hectáreas (círculos con un diámetro de 456 metros) y los veraniegos de 4,6 hectáreas (círculos con un diámetro de 242 metros). En la siguiente imagen, tomada de GeoEuskadi, se señala la situación de 29 seles en el municipio de Zeanuri (Bizkaia). En la actualidad la mayoría están ocupados con plantaciones forestales de coníferas.
En el artículo de Álvaro Aragón Ruano "Ganadería, trasterminancia y trashumancia en los territorios vascos en el tránsito del medievo a la modernidad (siglos XV y XVI)", publicado en el año 2006 en el volumen 31 de Cuadernos de Historia Moderna, puede leerse en su resumen: "El presente artículo pretende aportar nuevos datos sobre la ganadería en los territorios vascos durante la Edad Moderna. Ante todo se trata de romper los falsos paradigmas que se han venido repitiendo durante largo tiempo, aportando datos inéditos. Los clásicos de la historiografía vasca siempre han recalcado el carácter rural y agrario de la economía vasca; a pesar de ello, actividades como la ganadería jamás han ocupado un espacio primordial como objeto de estudio entre los historiadores, que en muchos casos han aceptado las teorías de etnógrafos y antrópologos sin contrastarlas. La ganadería en tierras vascas siguió modelos cantábricos, que ya vienen siendo estudiados desde algunas décadas por los historiadores gallegos, asturianos o cántabros; escuelas que han establecido nuevas metodologías para el estudio de la ganadería, las cabañas predominantes, el régimen de explotación, su impacto económico, etc., y cuyo ejemplo desgraciadamente no ha sido secundado en el caso vasco."
Después de explicar el caso guipuzcoano, Álvaro Aragón Ruano escribe: "También en Vizcaya queda constatado en el siglo XV el predominio del ganado vacuno, junto al porcino, y la riqueza que suponía para sus poseedores, no sólo por la carne, leche y abono que producía sino también por su utilización como fuerza de trabajo. En Vizcaya, el Fuero no permitía introducir ganados de fuera parte y se aplicaba la ordenanza de "sol a sol" para los rebaños foráneos; no obstante, a pesar de las prohibiciones y en contra del Fuero, parece que, a partir de mediados del siglo XVI, ante la falta de ganado vacuno y porcino en el Señorío, algunos lugares -como Bermeo- permitieron invernar a ganados de Navarra, Guipúzcoa y Léniz. En 1393 la Junta General de Vizcaya confirmaba y extendía a todo el Señorío una sentencia que dio el 25 de septiembre de 1385 a favor de la villa de Bilbao en el pleito con la anteiglesia de Zamudio sobre pastoreo y tránsito de ganado, por el que se limitaba de sol a sol...Lo cierto es que las dificultades de abastecimiento de carne en el Señorío son importantes desde el segundo tercio del siglo XVI [cuando la población era de menos de 100.000 habitantes]; por ello se importa carne desde Francia y Navarra, teniendo que pasar esos rebaños vivos por Guipúzcoa antes de llegar a las carnicerías vizcaínas. Las Juntas comenzaron a solicitar desde 1542 que, al igual que la Provincia de Guipúzcoa, Vizcaya obtuviese una Real Provisión para poder llevar dinero a Francia para importar ganado para el abastecimiento del Señorío. Las quejas ante las Juntas Generales van a ser muy numerosas y se prolongan entre 1537 y 1581: los procuradores se quejaban de que, a pesar de las Reales Provisiones, Cartas y Sobrecargas, los guipuzcoanos tomaban, prendaban, retenían y les hacían pagar -por ejemplo, en Elgueta se les hacía pagar 4 maravedís/cabeza- por los rebaños que se dirigían a Vizcaya para el abastecimiento de carne."
El artículo de Álvaro Aragón Ruano "Trashumancia "media", entre las sierras interiores y la costa guipuzcoanas, ¿desde tiempo inmemorial?", publicado en 2002 en el Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, comienza así: "Es costumbre entre los historiadores repetir paradigmas no suficientemente probados que otros han establecido. Estos vicios surgen por el excesivo sectarismo de algunos, para quienes las afirmaciones de renombrados historiadores son infalibles, o por el uso continuado de ciertas informaciones que nadie se "molesta" en verificar. Durante años hemos oído decir que la sociedad guipuzcoana de Antiguo Régimen era una sociedad rural, articulada a través de un esquema pastoril, en el que la base de vertebración del territorio era la red trashumante que desde "tiempo inmemorial" unía las sierras del sur de la provincia con la costa. Paradigma historiográfico donde los haya, jamás ha venido acompañado de una prueba documental (o arqueológica) que lo certificase. El propio autor de este artículo debe reconocer que interiorizó y asumió como propio este esquema, hasta comenzar a investigar primero los seles y luego sobre el bosque guipuzcoano. La primera impresión fue de desazón, pues desde un primer momento se vio que la palabra "trashumante" no aparecía por ningún lugar y que la documentación ni siquiera vislumbraba, de forma directa o indirecta, algo que pudiese hacer pensar en tal traslado de ganado desde la costa a las sierras interiores y viceversa."
En las conclusiones del citado artículo el autor escribe que "se confirma que en Guipúzcoa la trashumancia media, entre las sierras interiores y la costa -que aún hoy día perdura- no se venía desarrollando desde tiempo inmemorial, como se ha venido afirmando sin pruebas arqueológicas o documentales. Esta trashumancia, al menos de una forma importante, comenzó a finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII, en dirección a la costa, y en la segunda mitad del siglo XVIII, en dirección a las sierras, con importantes diferencias geográficas...Los concejos, quienes vieron en este trasiego una nueva fuente de ingresos, dieron paulatinamente pequeños pasos a lo largo de las últimas décadas del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, hasta permitir la estancia en verano o invierno en la primera década del siglo XIX. La posición de las instituciones provinciales también evolucionó: entre los siglos XVI y XVIII defendieron el cumplimiento de la Ordenanza de pastos, es decir, el libre pasto de sol a sol, prohibiendo el pasto libre de ganado forastero; y a comienzos del siglo XIX dieron la posibilidad a cada lugar de permitir o no pernoctar a los ganados trashumantes...Hasta el surgimiento de la trashumancia media, existía un movimiento de rebaños que podríamos denominar, siguiendo a Caro Baroja, "trashumancia local", en la que los rebaños en invierno permanecían en el fondo del valle y en verano subían a la montaña o cima del valle, dentro de una misma jurisdicción o jurisdicciones circunvecinas. Esta trashumancia daba cabida a los rebaños existentes en cada jurisdicción y estaba directamente relacionada con la cabaña vacuna y porcina, siendo compatible con la explotación del bosque. Es decir, no existía trashumancia media porque no era necesaria; la trashumancia local cumplía las necesidades de la cabaña existente. El avance de la cabaña ovina, como consecuencia del retroceso de la masa arbórea guipuzcoana, hizo peligrar el equilibrio existente entre el número de cabezas de ganado y la cantidad de pastos disponibles. Esta necesidad, derivada del avance "incontrolado" del número de ovejas [generó un problema que se solucionó gracias a] un sistema que permitiera a todos los rebaños de la provincia, tanto a los propios de las jurisdicciones receptoras como a los forasteros, disponer de pastos todo el año en igualdad de condiciones, así en verano como en invierno, sin que los límites jurisdiccionales fuesen obstáculo para ello; de esa manera se estableció la trashumancia hacia las sierras de Aralar, Aizgorri y Elgueta en primavera-verano y la trashumancia hacia Vizcaya, la costa y zonas limítrofes en otoño-invierno."

Postdata
Es muy interesante el artículo de mi amigo Felix Mugurutza publicado en "El arca de no sé" de Deia con el título "Los primeros pastores de Gorbeia".

9 de julio de 2013

Nigritella gabasiana y pastoreo

Nigritella gabasiana es una especie de orquídea de la que solo se han encontrado unos pocos ejemplares en el Macizo de Gorbeia (Bizkaia) y en Aralar (Gipuzkoa) dentro del País Vasco. Tomé esta fotografía un 6 de julio.
En esta fotografía aérea indico la localización de 4 ejemplares vistos en 3 repisas muy accesibles del cordal del monte Aldamin el 6 de julio 1988 en compañía de mi amigo Santi Patino. La localidad 3 se encuentra a menos de 10 metros de su cima.
Estas ovejas se encontraban pastando en la localidad 1 de la imagen superior el 22 de junio de 2013. Como dejaron escrito mis amigos del Departamento de Botánica de la Sociedad de Ciencias Naturales de Sestao en el informe "Estudio para la conservación de la flora amenazada de alta montaña de las cumbres de Gorbeia y Aldamin (Parque Natural de Gorbeia)", redactado en el año 2002, en el Macizo de Gorbeia "los pocos especímenes observados, se han encontrado a unos 40 m. de desnivel por debajo de la cumbre y están situados en su arista oeste, sobre el cantil de su cara norte. Aunque se encuentra sobre repisas, bastante inaccesibles algunas de ellas, se podía apreciar que habían sido pasto de los rumiantes, y quizás por ello, algún pie detectado en años anteriores, no se ha podido localizar. Así, de la media docena de individuos contabilizados otros años, solamente se ha han podido ver un par de ellos. Aunque cabe pensar que, debido a su reproducción por tubérculos, es muy difícil de desarraigar".
El 22 de junio de 2013 también pude ver un rebaño de cabras alimentándose de la flora del Aldamin de esta manera. Si las ovejas no consiguen llegar a esas repisas colgadas, las cabras quizás sí que puedan. Para esta especie catalogada como "en peligro de extinción", en el citado informe se dice que "para su protección del ganado, sería interesante el cercado a la entrada de las repisas donde algunos años se ha podido ver, ya que de lo contrario pasará a ser pasto de los rumiantes".

Postdata

Mi amiga y profesora de botánica en la Universidad del País Vasco Meme Herrera Gallastegui (me dio clases hace ya unos cuantos años) me ha comunicado que en el año 2011 encontraron 11 ejemplares y otros tantos en el año 2012, casi todos en repisas inaccesibles. Con financiación de la Diputación Foral de Bizkaia han realizado muestreos a mediados de julio y han propuesto cerrar al ganado el acceso.

2 de julio de 2013

Afección del pastoreo a Diphasiastrum alpinum y Lycopodium clavatum

Diphasiastrum alpinum es un pequeño helecho del grupo de los licopodios que tiene poblaciones en Gorbeiagane, separadas por más de 100 kilómetros de las poblaciones más cercanas. En Gorbeiagane lo encontró Juan Carlos Báscones, de donde lo citó en el III Simposio de Botánica Criptogámica celebrado en el año 1978, quedando publicada su cita en el año 1982 en su artículo "Pteridófitos de la Navarra húmeda" en la revista Acta Botánica Malacitana. Según el libro "Flora vascular amenazada en la Comunidad Autónoma del País Vasco", editado por el Gobierno Vasco en el año 2006, "las poblaciones del Macizo del Gorbea son muy pequeñas y están sometidas buena parte del año al sobrepastoreo. Ello provoca la mutilación de los licopodios, cuyas ramitas rotas se secan sobre el terreno", lo que hemos visto en repetidas ocasiones. Sus autores también dejaron escrito que "Es urgente acotar alguna de sus poblaciones, para poder estudiar el desarrollo de los licopodios sin la acción del ganado, y comparar con las zonas pastoreadas", pero no se ha llevado a la práctica. Ese mismo año la Diputación Foral de Bizkaia publicó el Plan de Gestión para esta especie catalogada "en peligro de extinción", pero no se incluye ninguna medida de conservación que disminuya la afección negativa del ganado.
Juan Carlos Báscones también encontró una población de Lycopodium clavatum en la cima de Gorbeiagane y las mismas amenazas ponen en peligro su supervivencia. 
En esta imagen se observa la cima silícea de Gorbeiagane, el hábitat de las únicas poblaciones de Diphasiastrum alpinum en el País Vasco y de la única localidad del Lycopodium clavatum en el Macizo de Gorbeia.
En Gorbeiagane actualmente pastan ovejas, vacas y yeguas. Las ovejas pastan más cerca del suelo, por lo que sería el ganado que más cortes por diente provocarían, pero parece que la amenaza más importante serían las roturas provocadas por las pezuñas de las vacas y los cascos de las yeguas, aunque falta un estudio científico que lo confirme. Tomé estas fotografías y el siguiente vídeo en Gorbeiagane, municipio de Zeanuri (Bizkaia), el 22 de junio de 2013.

Ovejas en la cima de Gorbeiagane.

25 de noviembre de 2011

Pastoreo de ovino en el País Vasco

El pastoreo con oveja latxa ha modelado el paisaje de las montañas del País Vasco. Como deja en evidencia el Mapa de Vegetación del País Vasco, la vegetación potencial de las montañas, por encima de los 600 metros de altitud, sería el hayedo. Las hayas tapizarían casi la totalidad de las montañas vascas. Con la pérdida del hayedo muchas especies se vieron perjudicadas, algunas hasta su extinción. Otras muchas se vieron favorecidas: aves necrófagas (Buitre leonado, Alimoche común), aves especializadas en alimentarse de insectos coprófagos que aprovechan los excrementos del ganado (chovas) o aves propias de zonas deforestadas o supraforestales como las alondras comunes y los bisbitas alpinos. Los pastores de ovino son responsables de este paisaje en gran parte. En la fotografía, ovejas en Austegiarmin, municipio de Orozko (Bizkaia).
En diciembre de 2004 estaban censados 433 pastores de ovino en el País Vasco. Ellos son, junto a los ganaderos de vacuno y equino, responsables del mantenimiento del paisaje y de la biodiversidad asociada al mismo. De ellos, 58 son vizcaínos, 111 alaveses y el resto, que son la mayoría, guipuzcoanos. Dicho de otra manera, 98.947 ovejas mantienen las praderas montanas y los pastos petranos, impidiendo el desarrollo de los argomales, brezales, helechales y espinares. Ese alimento generó en el año 2004 un total 5.152.485 litros de leche con la que se elaboró queso de oveja con denominación de origen Idiazabal. Para saber más, véase la Tesis Doctoral de Guadalupe Ramos Truchero, titulada La sucesión en la ganadería familiar: el ovino de leche en el País Vasco y editada por el Servicio de Publicaciones del Gobierno Vasco en el año 2009. O el informe titulado Herramientas para la gestión pastoral de espacios naturales protegidos basadas en la interacción entre el ganado y la vegetación. Estudio en los Parques Naturales de Gorbeia (Vizcaya-Álava), Izki (Álava) y Sierra y Cañones de Guara (Huesca), elaborado por Neiker. En la fotografía, ovejas en Arimegorta, municipio de Zeanuri (Bizkaia).

20 de diciembre de 2010

El último pastor de Itzina

Sé que la mayoría de los seguidores de este blog sois amantes de la Naturaleza, buscadores de paisajes, fauna y flora. Sin embargo, seguro que desconocéis en gran medida el mundo rural, sus habitantes y sus ocupaciones. Al menos, así me sucedía a mí antes de empezar a trabajar de guarda forestal hace ya más de 10 años. Por ello, os animo a compraros el libro "El último Pastor de Itxina", en el que Fernando Pedro Pérez recoge multitud de vivencias y reflexiones de Jose Mari Olabarria, "el rubio" de Urigoiti, a buen seguro, el último pastor de Itxina. Lo cierto es que Jose Mari es un pastor un tanto especial por su capacidad de reflexión, su amabilidad y oratoria, aunque no siempre tiene tiempo para charlar un rato.
En esta fotografía aérea os indico dónde se encuentra la "txabola" de Lexardi, el lugar donde ha trabajado y vivido Jose Mari Olabarria durante la temporada de ordeño de las ovejas para la elaboración de quesos artesanos toda su vida. Como se puede ver, se encuentra en mitad del macizo kárstico de Itzina y sólo es posible acceder a pie desde Atxulo o por Kargaleku desde las campas de Arraba.

14 de febrero de 2010

Pastoreo con oveja latxa

El paso de una economía cazadora y recolectora a otra basada en la agricultura y la ganadería se produjo al final de la Última Glaciación, el Würm, hace unos 11.000 años en un territorio llamado el "Creciente Fértil", una estrecha franja delimitada por los montes Tauro y Zagros por un lado y el Desierto de Siria por el otro, en las cabeceras de los ríos que dan lugar al Tigris y al Éufrates. En esa época se produjo un aumento de las temperaturas a la vez que un incremento de las precipitaciones. Lo que significa que el ser humano ha pasado el 99 % de su existencia viviendo en pequeños grupos dedicados a la caza y la recolección, lo que le obligaba a un modo de vida nómada. Tomé esta fotografía en Gallartu, municipio de Orozko.
 
En el yacimiento de Ganj-Dareh (Irán) se han hallado los restos más antiguos de cabra doméstica, con una antigüedad de unos 9.500 años. Más antiguos son los restos de las primeras ovejas, encontrados en el yacimiento de Zawi Chemi Shanidar (Irak), con una antigüedad de unos 10.500 años. Sin embargo, el primer animal doméstico no fue un animal productivo, sino uno que no lo era y que aparece de forma escasa en diversos yacimientos: el perro, domesticado a partir del lobo. Hasta el año 2009 se reconocía una antigüedad máxima de unos 15.000 años a los restos más antiguos de perros. Sin embargo, en ese año se dieron a conocer unos restos hallados en Bélgica que duplican esa antigüedad. Se desconoce cómo y por qué motivos se domesticaron los primeros perros. Tomé esta fotografía del carnero recién esquilado del rebaño de Emilio Goti en Urigoiti, municipio de Orozko.
Recientemente, las investigadoras Lydia Zapata Peña y María José Iriarte han demostrado, mediante análisis de los restos hallados durante las excavaciones arqueológicas, que la cultura agrícola tiene la misma antigüedad que la pastoril. De la misma época son los granos de cereal y los huesos de los animales domésticos hallados. Hice esta fotografía desde el collado de Ubizear, municipio de Orozko. Al fondo, se observa Sierra Sálvada, también cubierta por la nieve.
Tras domesticarse la mayoría de los animales domésticos actuales (perro, oveja, cabra, vaca, cerdo, gato y caballo) en Asia y el Este de Europa hace 11.000-6.000 años, el periodo Neolítico se desarrolló en el norte de la península Ibérica. Entonces el ser humano roturó e incendió los bosques para generar pastos para ovejas, cabras, vacas y caballos, y construyeron las primeras edificaciones que nos han llegado hasta nuestros días: dólmenes y menhires. Los pastos alpinizados propios de las montañas vascas son ecosistemas artificiales que han beneficiado a especies de aves amenazadas como son las aves rapaces carroñeras (buitre leonado, alimoche común y quebrantahuesos), las chovas piquirrojas y piquigualdas que se alimentan de escarabajos coprófagos y pájaros propios de pastizales como el bisbita alpino y la alondra común. También el lobo ha resultado beneficiado por la actividad pastoril y aunque en la actualidad muchas de sus presas son silvestres (jabalíes, ciervos y corzos) debido a su actual abundancia, hace pocas décadas, cuando sus presas silvestres eran muy escasas, era el ganado su principal fuente de alimento, con el consiguiente deterioro de la economía y la calidad de vida de los pastores y sus familias. Hice esta fotografía en Ipargorta, municipio de Orozko.
En el número 16 de la revista "Gorbeiako Parke Naturala" el pastor Juantxu Astondoa contaba que llevaba 57 años trabajando de pastor. Cuando empezó había 41 pastores en el Macizo de Gorbeia y cada uno tenía un rebaño de 100-150 ovejas. Actualmente quedan 11 y debido a la elevada media de edad de los mismos y a la falta del necesario relevo generacional, pensaba que si dentro de 10 años quedaba alguno, la cosa no habría ido demasiado mal. También decía que hace 40 años 1 kilo de lana valía 100 pesetas y que ahora vale 7. Tomé esta fotografía entre los montes Gorbeiagane y Aldamin, municipio de Zeanuri.
Desde hace unos 250 años el pastoreo con ovejas en las montañas vascas ha sido una constante que ha modelado el paisaje. Los habitantes de las ciudades se sorprenden al oír a los botánicos decir que la vegetación potencial de las montañas, la que habría sino fuera por las actividades humanas, es el hayedo. Efectivamente, los pastizales donde pasta el ganado son de origen antrópico y los bosques han quedado relegados a pequeños retazos más o menos alterados por trasmoche, talas y entresacas. En las últimas décadas de la Dictadura, el famoso ICONA en colaboración con los ayuntamientos correspondientes plantó gran parte de los montes públicos de las montañas vascas con coníferas de ciclo medio y largo (pino albar, ciprés de Lawson y alerce japonés en el caso del Macizo de Gorbeia), generando un enfrentamiento entre pastores y guardas forestales que ha llegado hasta nuestros días. Hice esta fotografía cerca de las chabolas de Austegiarmin, municipio de Orozko.