Embalse de San Juan, en San Martín de Valdeiglesias
El incendio más grande jamás producido en la península Ibérica está asolando un enorme territorio entre las provincias de Ávila, Madrid y Toledo.
Evolución del incendio en los últimos días
Simultáneamente, un enorme incendio avanza en Gironda hacia la ciudad francesa de Burdeos. Y mientras tanto, en el periódico Deia publican hoy mismo una noticia con el siguiente título.
Aunque hace muchos años de aquellos incendios pavorosos y parece que nuestra memoria no es tan buena como nos gusta imaginar, cuando justo había cumplido 20 años, en la segunda quincena de diciembre de 1989, tras una larga sequía de varios meses y durante varios días de intenso viento del sur, grandes incendios calcinaron gran parte de Bizkaia. En concreto, se quemó el 11% de su superficie total (24.292 hectáreas) y el 18% de su superficie forestal (22.878 hectáreas). Aunque han pasado ya muchos años, no es imposible que algún año se produzca una larga sequía como la del aquel año. Lo que no suelen faltar son las suradas otoñales que traen aire muy seco debido al efecto Foehn. Que no arda en Bizkaia nuestro polvorín de plantaciones forestales que se reproducen gracias a los incendios solo es posible gracias el régimen de lluvias que en Bizkaia nos libra de los incendios y lo cierto es que no se ha producido ninguna sequía como la de 1989, que nos dejó incluso penosas restricciones de agua en los grifos. Todas las especies de eucaliptos y la mayoría de los pinos (especialmente los pinos radiata y marítimo) son pirófitas y en sus lugares de origen favorecen la propagación de los incendios porque solo gracias a ellos pueden reproducirse, ya que sus semillas solo germinan cuando el fuego las estimula. Es muy probable que más pronto que tarde se repita un episodio de incendios como el de diciembre de 1989 en Bizkaia. Mi recomendación a ayuntamientos y particulares es tener libre de vegetación una banda ancha en todo el perímetro de las viviendas, que es lo que se ha hecho siempre en los pueblos y los caseríos, costumbre que se ha ido perdiendo. Estuvimos alojados en Navalagamella hace dos años y conozco por eso bien los parajes madrileños que están ardiendo. A los servicios de extinción se lo han puesto muy difícil para evitar que no ardan las viviendas de esas urbanizaciones llenas de árboles y vegetación.


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