11 de noviembre de 2014

El origen de los árboles trasmochos

El pasado 9 de noviembre de 2014 el historiador Juanjo Hidalgo, dentro del programa de actividades organizadas por la Diputación Foral de Bizkaia en los Parques Naturales, impartió la charla "El bosque y sus usos en el entorno de Gorbeialdea". La charla tuvo lugar en el "Hayedo de Otzarreta", un hayedo trasmocho de propiedad particular en el municipio de Zeanuri (Bizkaia), muy popular entre los aficionados a la fotografía. Por Otzarreta discurre el Camino Real que unía Vitoria y Bilbao pasando por Ubidea y Zeanuri. Por aquí pasó el rey Fernando el Católico para la jura de los Fueros del Señorío de Vizcaya el 30 de julio de 1476 bajo el Árbol de Gernika. También lo haría la reina Isabel la Católica el 17 de septiembre de 1483, heredera del Señorío de Vizcaya, que pertenecía a la Corona de Castilla desde el 24 de agosto de 1379, fecha de la coronación del rey Juan I de Castilla, bisabuelo de Isabel La Católica.
Juanjo Hidalgo lleva dos años investigando la historia de la explotación forestal en Bizkaia, muy desconocida hasta ahora. Aún no ha publicado nada al respecto, pero cuenta con una gran cantidad de datos procedentes de textos antiguos que explican, por ejemplo, el origen de los árboles trasmochos. Fue la Ordenanza de 1496 de los Reyes Católicos la que inició el método del trasmocho en la Corona de Castilla: "no los cortando por el pie, salvo por rama, y dexando en ellos horca y pendón, por donde puedan tomar a criar". Este método se documenta en Euskadi en el año 1548 en las Actas de las Juntas Generales de Zumaia y, a partir de esa fecha, se generaliza. Las Ordenanzas de los Reyes Católicos mandaban la siembra en vivero de árboles que tras su guiado y plantación en el monte pudieran dar lugar a grandes piezas curvas, necesarias para la construcción naval. Durante el reinado de los Reyes Católicos el Señorío de Vizcaya disfrutó de un desarrollo y bonanza económica que no volvería a repetirse en los siguientes cinco siglos.
Los árboles eran podados y guiados en el vivero, de tal manera que tuvieran dos ramas: horca y pendón. La horca era una rama lateral paralela al suelo y el pendón una rama casi vertical, ligeramente inclinada hacia el lado contrario que la horca. A los 9 o 10 años se les sacaba del vivero para trasplantarlos en el monte, donde se protegían con espinados, normalmente con espino albar (Crataegus monogyna), para evitar que el ganado los pelara o rompiera. De estos árboles se obtenían los corvatones o curvatones, grandes piezas curvas, necesarias en la construcción naval de la época. El cumplimiento del mandato real fue desigual y los inspectores concluyeron que eran el Señorío de Vizcaya y la provincia de Guipúzcoa los territorios que mejor cumplieron con el mismo y fueron puestos como ejemplo del buen hacer, mandando que, en lo sucesivo, otros territorios contratasen a un vizcaíno o un guipuzcoano que tuviera pericia en la producción de curvatones. La Corona de Castilla incentivó los trasmochos a partir del siglo XVI, con el fin de posibilitar la producción de maderas curvas para la construcción naval, la producción de carbón para las ferrerías y el uso ganadero de los bosques.
La construcción naval requería también de grandes piezas largas y rectas, por lo que en los viveros también daban lugar a plantones de ¨árboles bravos". Una vez plantados los árboles en el monte debían ser cercados para protegerlos del diente del ganado en el caso del "jaral", denominación con la que aparece en los documentos lo que en selvicultura se llama "monte bajo", que consiste en cortar los árboles por el pie y dejar que rebroten de cepa. Lo mismo debía hacerse en el caso de los "árboles bravos", que es cuando los árboles se cortaban y luego se volvían a plantar porque no rebrotaban de cepa, lo que se denomina "monte alto" en selvicultura. En el caso de los trasmochos, se ordenaba que las ramas se dejaran a una altura de cinco codos castellanos, lo que equivale a 2,75 metros, con el objeto de impedir que el ganado pudiera comerse las ramas y las hojas del árbol. El "jaral" fue el tipo de bosque más generalizado hasta mediados del siglo XVII. A partir de entonces predominó el trasmocho. Entre los siglos XVI y XIX el 80% de los árboles trasmochos fueron "cajigos" o robles (Quercus robur) y el resto castaños (Castanea sativa) y, en menor medida, hayas (Fagus sylvatica). El suelo dedicado a las plantaciones de robles y castaños es el que ahora ocupan las de pino de Monterrey (Pinus radiata) y eucalipto blanco (Eucalyptus globulus), mientras que las plantaciones de hayas trasmochas se conservan en gran parte, ya que era la especie que se plantaba en las montañas, donde las heladas invernales pondrían en peligro las plantaciones de pino de Monterrey y eucalipto blanco.

Postdata
La entrada original, del 11 de noviembre de 2014, ha sido corregida y ampliada el 30 de noviembre, gracias a los comentarios de Juanjo Hidalgo.

5 comentarios:

Javier Alonso Torre dijo...

Una pena no enterarse a tiempo. Seguro que fue muy interesante.

ornitologiadesdelaventana dijo...

Como siempre Juan, un pedazo de entrada de esas que da gusto releer.

Javier Peral Aguirregoitia dijo...

Muy interesante, una pena no haberme enterado. Un abrazo.

avesvaldalla dijo...

Una entrada muy amena e instructiva, sobre el origen de los trasmochos.

Saludos desde Donosti.
Alfredo

javi castro dijo...

Muy interesante.