1 de diciembre de 2020

Los seles

Sel, "gorta" en el euskera local, desde la base de Aldamin

El historiador Alberto Santana Ezkerra me ha indicado que en el libro "Cinturón verde del Bilbao metropolitanoa", publicado por la Diputación Foral de Bizkaia en el año 2011, explicó qué es un sel y cuál es su origen, "korta" o "gorta" en euskera:
Ídem

"A principios del siglo XIV el paisaje estaba dominado por una red densa e invisible de gigantescos círculos entrelazados que cubrían todo el territorio, desde las cimas más altas de las montañas hasta la ribera del mar. Estos círculos, denominados "sel" en castellano y "korta", o más frecuetemente "gorta", en la variante local del euskera, eran grandes dehesas de monte abierto dedicadas al pastoreo de vacas y yeguas, y constituían, ya entonces, una de las fórmulas más antiguas de gestión del espacio y los recursos naturales conocidas en Europa.
Seles de Zeanuri (Fuente: GeoEuskadi)

Desde las praderas costeras de los acantilados de Algorta a los ventosos pastos de altura de Ganekogorta, pasando por las suaves colinas arboladas de Gangorta, en tierras de Lezama, aún se conservan huellas en la toponimia, en la documentación históricas y en el propio paisaje actual de varios centernares de los enormes círculos que constituían la reserva imprescindible de pastizal y maderas de las comunidades que habitaron desde los siglos más oscuros de la Edad Media hasta el estallido de la Revolución Industrial, a mediados del siglo XIX.
Situación del sel de las fotografías

Desconocemos cuál es la antigüedad de los primeros seles y la identidad cultural de quienes trazaron los círculos ancestrales, de casi medio kilómetro de diámetro, en estos montes. Algunas dataciones arqueológicas -no exentas de controversia- procedentes de seles del oriente guipuzcoano, señalan fechas del periodo romano, concretamente los siglos II y III, pero la gran concentración de seles en el entorno inmediato de los castros de la última Edad del Hierro , como los de Malmasin y Berreaga, sugieren la hipótesis de que tal vez fueron las pastores guerreros que habitaron estas fortalezas amuralladas en los tres siglos previos a la era cristiana quienes inventaron esta originalísima fórmula de aprovechamiento de los recursos colectivos, consistente en mantener unida la propiedad comunal de la tierra y asignar a cada unidad familiar el usufructo de una o varias parcelas circulares durante un periodo de tiempo limitado, para la crianza de su ganado y para proveerse de leña para el fuego o de maderamen de construcción para su casa. Transcurrido el plazo de tiempo acordado, se procedía a una nueva redistribución y, a veces, nueva demarcación de los seles de una ladera, con lo cual resulta frecuente encontrar círculos parcialmente superpuestos o secantes entre sí, y surgen las secuencias de topónimos locales que posteriormente se han convertido en caseríos y apellidos familiares como "Gortazar"/"Kortazar", "Kortabarria" o "Kortabitarte", con sus significados transparentes de "El sel viejo", "El sel nuevo" o "Entre dos seles".

En el territorio de Bizkaia, las citas documentales más antiguas relativas a la existencia de los seles se localizan precisamente en los montes que rodean Bilbao. En 1300, cuando do Diego López de Haro otorga a la villa de Bibao su carta puebla, define con claridad los límites jurisdiccionales de la población. La línea fronteriza se inicia en la punta de Zorroza, en la confluencia entre los Nervión y Cadagua, y remonta las aguas de este último hasta Pertxeta, donde se alzan las casas más occidentales de Bilbao, adentrándose en los terrenos históricos de Barakaldo. Desde allí gira resueltamente hacia el Sudeste por el barranco de Azordoiaga y se zambulle en un mar de decenas de seles de bosque y pastizal, de los que sólo se menciona por su nombre propio el de Egiluz -el más antiguo de Bizkaia. para llegar hasta uno de los mojones históricos de la villa, el sel de la Peña de los Hayas, el Pagasarri, y descender la cresta de la montañas, todavía entre decenas de seles trazados en ambas vertientes, hasta el collado de Olaluzeta y continuar la bajada, en un nuevo quiebro del camino, a través de los grandes círculos forestales de Buia, hasta volver a alcanzar la ribera del río a la altura de los últimos vados practicables a pie antes de que sus aguas se mezclen con las de la mares. Ni qué decir tiene que el ascenso desde el vado de Etxebarri hasta la sierra de Ganguren, por el barranco de Errekatxarkoa y los hombros de Arbolantxa, eran en el siglo XIV un terreno colmatado de seles y viveros forestales, en los que las campas se alternaban con bosques de roble bajo y con grandes hayedos en la cara norte, como los del sel de Pagaluzeta en vertiente de Lezama, ideales para el sesteo del ganado vacuno."

19 de noviembre de 2020

Los efectos perjudiciales de los incendios forestales

Dentro de Europa el fuego es un elemento natural y común en la región Mediterránea, donde afecta a Grecia, Italia, Francia, España y Portugal. Al contrario, en la región Eurosiberiana es un elemento más raro y dañino. Aquí, los bosques y matorrales protegen al suelo del impacto de la lluvia y mediante el entramado de sus raíces, lo sostienen, evitando su erosión. Sin embargo, en la Cordillera Cantábrica la repetición de los incendios forestales provocados por el ser humano ha generado una pérdida extrema de la calidad del suelo en extensas zonas. La mayoría de los fuegos se producen durante el invierno con el objetivo de obtener pastos para el ganado en primavera y verano y porque el omnipresente helecho común (Pteridium aquilinum) dificulta la propagación del fuego mientras permanece verde. El manejo con fuego es mucho más agresivo que los desbroces, más sostenibles y recomendables.
El fuego destruye sobre todo las partes aéreas de las plantas, pero también afecta a las raíces y las semillas, y el daño que produce depende de la penetración de su calor en el perfil del suelo y de la intensidad y duración del mismo. El fuego puede producir daños importantes en los árboles, afectando a su crecimiento y a su salud, haciéndolos más sensibles a los ataques de insectos y hongos, que pueden acabar causándoles la muerte. En muchos casos, este efecto letal no es visible hasta pasados varios meses desde el incendio. Las cenizas generadas en los incendios tienen un efecto inhibidor de la germinación de las semillas en la mayoría de las especies vegetales, excepto en el abedul (Betula spp.) y en algunas especies de gramíneas, como las del género Agrostis. La germinación de las semillas de las argomas o tojos (Ulex spp.) y las cistáceas se ve estimulada si la temperatura alcanzada en los incendios es alta. Solo cuando esta es moderada, estimula la germinación de las ericáceas, como los brezos (Erica spp.). 
Las argomas son plantas pirófitas, beneficiadas por el fuego, con un importante sistema radical que sobrevive al fuego y rebrota intensamente después de los incendios, lo que unido a la estimulación de la germinación de las semillas, provoca que sea favorecida por los incendios, mientras que los brezos, con un sistema radical superficial y poco desarrollado, no sobreviven al incendio y, por lo tanto, tienen que regenerarse exclusivamente por germinación de las semillas que, además, no es rápida, ya que se produce en la primavera siguiente al incendio. Por ello, muchos brezales-argomales que sufren incendios evolucionan hacia argomales puros. Los suelos ocupados por papilionáceas de los géneros UlexCytisus y Genista son el resultado de la degradación de los bosques climácicos, favorecidas por la reiteración de los incendios, que impiden su recolonización por árboles.
Numerosos animales mueren durante los incendios porque no consiguen huir del fuego. Resulta particularmente afectada la meso y microfauna, dependiendo de la penetración del calor en el suelo y de su intensidad. La microbiota, el principal agente responsable de la descomposición de la materia orgánica, resulta particularmente afectada, no solo por el incendio, que puede esterilizar la superficie del suelo, sino también por la deposición de cenizas. Las condiciones del suelo quemado provocan el aumento de bacterias y la disminución de los hongos, las cianobacterianas y las algas.
Los principales problemas ambientales provocados por los incendios forestales son la degradación y la erosión del suelo debido a los cambios físicos y químicos que generan en su textura, en su comportamiento hídrico, en su estructura, así como por la pérdida de materia orgánica, que en parte se volatiliza y en parte se convierte en cenizas. Estos cambios son el motivo del aumento de la erosión que sufren los suelos quemados, más importante cuanto más repetidos, duraderos e intensos sean los mismos y cuanto mayor sea la pendiente de los suelos afectados. Cuando la erosión es severa aparecen canales y cárcavas, erosión laminar y suelos desordenados, producto de la erosión hídrica sobre las laderas.
La intensidad y la duración del incendio son dos factores fundamentales. Cuando el calentamiento supera los 220º C o los incendios se repiten con frecuencia, los cambios afectan a las propiedades físicas del suelo, suelen ser irreversibles y culminan con una degradación generalizada de la estructura y del comportamiento hídrico del suelo. Los incendios provocan un aumento del contenido de la fracción arenosa debido a la agregación de las partículas de arcilla debido a las altas temperaturas. Al mismo tiempo, los agregados de materia orgánica e inorgánica del suelo se rompen por la combustión de la materia orgánica, lo que provoca una degradación de la textura por la pérdida de finos, que rellenan los poros del suelo, provocando un descenso de su porosidad. Todo ello genera la disminución de la capacidad de almacenamiento de agua que tiene el suelo. En los casos de erosión severa, se han detectado incrementos muy marcados de la pedregosidad superficial en algunas zonas de la Cordillera Cantábrica.
El potencial erosivo de la lluvia depende de su impacto directo sobre el suelo, que a su vez, depende de la intensidad de la lluvia y de su capacidad para arrastrar partículas del suelo. Esto depende principalmente de la cantidad de lluvia que cae y no se infiltra y de la erosionabilidad del suelo, en lo que influye la cubierta vegetal y la topografía. El efecto del fuego sobre la erosión está muy ligado al que tiene sobre el ciclo hidrológico. Las gotas de lluvia son interceptadas por la vegetación, que además, disminuye la velocidad del agua de escorrentía, por lo que es contraproducente la limpieza y saca de los restos de incendios. La lluvia que alcanza el suelo es absorbida por la hojarasca hasta que se satura. El resto del agua se infiltra, penetrando hasta los horizontes minerales del suelo, donde parte es retenida por las partículas minerales o en los poros capilares y parte se infiltra hasta alcanzar la capa freática. Si la cantidad de agua que llega a la superficie es mayor que la suma de la que absorbe el suelo y de la que se infiltra, la parte restante fluye por la superficie, constituyendo el agua de escorrentía que produce erosión.
Los incendios forestales afectan a todos estos procesos del ciclo hidrológico. Cuando la cubierta vegetal es eliminada por el fuego, la interceptación y la transpiración disminuyen, y la evaporación desde el suelo aumenta debido a que su superficie, desprovista de vegetación, queda expuesta a la insolación y al viento. El ennegrecimiento del suelo también contribuye al aumento de la evaporación porque lo hace la absorción de la radiación solar. El agua que absorbe el horizonte superior del suelo, rico en materia orgánica, disminuye mucho. Además, las gotas de lluvia, al golpear directamente sobre la superficie desnuda del suelo, producen el arrastre de partículas, incluidas las cenizas. Estas partículas se infiltran y se introducen en los poros gruesos, obturándolos, lo que reduce la infiltración del agua, aumentando la escorrentía y el arrastre de partículas. En los incendios de alta intensidad se genera una capa repelente al agua a cierta profundidad bajo la superficie del suelo debido a los compuestos hidrófobos producidos durante la combustión. Lógicamente, esto provoca un aumento de la escorrentía y la erosión del suelo por encima de dicha capa hidrófoba. Alrededor del 80% de la erosión después de un incendio se produce durante los tres o cuatro primeros meses.
Durante los incendios, los nutrientes son liberados y se concentran en la capa de cenizas que queda sobre el suelo, pero la mayoría se pierden volatilizados o lavados por el agua. Los incendios de gran intensidad pueden causar la destrucción total de la materia orgánica del suelo, aunque lo habitual es que solo se destruya parcialmente. Esta pérdida de materia orgánica disminuye la capacidad de retención de agua de las capas superficiales del suelo y solo se recupera al cabo de cinco o diez años después del incendio. En los suelos intensamente quemados aumentan el hierro y el fósforo y disminuyen el calcio, el sodio, el potasio y el magnesio.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
"Los incendios forestales", de María Tarsy Carballas, veterana científica gallega, nacida en Taboada (Lugo) en el año 1934, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), licenciada en Química, doctora en Farmacia y especializada en Edafología.

El historiador Alberto Santana Ezkerra me ha indicado que en el libro "Cinturón verde del Bilbao metropolitanoa", publicado por la Diputación Foral de Bizkaia en el año 2011, explicó que en el pasado los castigos a los que provocaban incendios forestales fueron muy severos:
"La protección de los montes de la comarca preveía penas y castigos severísimos para quienes pusieran en peligro el arbolado de los montes, y en particular para quienes provocaron incendios. Un ejemplo de esta normativa ejemplarizante, que no se compadecía ni siquiera de la edad de los eventuales pirómanos, lo encontramos en el Fuero de las Encartaciones redactado en 1503, que advierte que `Qualesquier persona, ansi varones como mujeres, que pusieren fuego en sierra o montes, y por el tal fuego algunos arboles o seles o alguna persona o personas se quemare, que pague el danno al duenno de los tales arboles e seles e sierra, e mas mil maravedía. Si fuera un menor de edad de catorza años que le corten las orejas, e si fuere maior de catorze annos que aia esa misma pena e yaga seis meses en el çepo". 

30 de octubre de 2020

Leptodes pirithous

Leptodes pirithous vuela entre los meses de junio y octubre en dos generaciones anuales. Es una mariposa migratoria que llega anualmente desde el sur, donde es capaz de sobrevivir al invierno. Las hembras ponen los huevos de uno en uno sobre las flores de leguminosas de los géneros Astragalus, Medicago, Melilotus, Dorycnium, Cytisus y Onobrychis, pero también de otras familias de plantas.
Tomé estas fotografías cerca de Anguru, municipio de Orozko (Bizkaia), el 29 de octubre de 2020, libando flores de Melilotus albus.

7 de octubre de 2020

Cigüeña negra

La Cigüeña negra (Ciconia ciconia) nidifica en el cuadrante suroccidental de la península Ibérica, pero en el País Vasco solo es posible observarla durante la migración primaveral (entre febrero y abril) y otoñal (entre agosto y octubre). Observé un ejemplar volando en migración sobre Arrankudiga (Bizkaia) el 6 de septiembre de 2010.

Garza imperial

La Garza imperial (Ardea purpurea) en la península Ibérica es un nidificante común, con unas 2.000 parejas reproductoras en España en 1995. Es fundamentalmente estival, aunque algunos individuos permanecen durante el invierno en el sur de la península. Además, un importante contingente de aves procedentes de Europa central y meridional cruzan la península en migración postnupcial hacia África tropical.
Fotografié este juvenil en la orilla del embalse de Urrunaga, cerca de Mekoleta, municipio de Otxandio (Bizkaia), el 18 de agosto de 2018.

5 de octubre de 2020

Archibebe claro

El Archibebe claro (Tringa nebularia) en la península Ibérica es un migrante común procedente de Europa central y atlántica. El paso postnupcial tiene lugar en agosto y septiembre por las costas cantábricas y el prenupcial de marzo a mayo. Además, es un invernante escaso, con una media de 400 aves anuales en España. Existen evidencias de fidelidad a las localidades de invernada. Observé un ejemplar en la cola del embalse de Urrunaga, cerca de Mekoleta, municipio de Otxandio (Bizkaia), el 5 de octubre de 2020.

Tarabilla norteña

La Tarabilla norteña (Saxicola rubetra) es un ave estival en Europa y sus poblaciones invernan en África. Durante la migración es común en el País Vasco, además de un nidificante escaso y localizado. Observé un ejemplar en Kurtzegan, municipio de Orozko (Bizkaia), el 14 de septiembre de 2020.

3 de octubre de 2020

Salix alba

Salix alba es un árbol de hasta 25 metros de altura y hasta un metro de diámetro que vive en orillas de ríos y arroyos.
Se distingue por sus hojas lanceoladas, con ápice largo y recto. Son pelosas por ambas caras cuando son jóvenes, pero a menudo se vuelven casi glabras por el haz cuando envejecen. El envés está cubierto por pelos plateados.
Tomé estas fotografías en la ribera del río Arnauri desde el puente de acceso al barrio de Isasi, municipio de Orozko (Bizkaia), el 3 de octubre de 2020.

30 de septiembre de 2020

Gobio ibérico

El Gobio ibérico (Gobio lozanoi) es un pez pequeño, de hasta 15 cm de longitud. Es endémico de la Península Ibérica y del extremo suroccidental de Francia, en las cuencas de los ríos Adour y Nivelle. Sin embargo, no se conoce cuál era su distribución natural; es posible que fuera exclusiva de esos ríos, del Bidasoa y la cuenca del Ebro. Fue descrito como una especie distinta del Gobio (Gobio gobio) en el año 2004. Fueron Ignacio Doadrio y María José Madeira quienes lo describieron en su artículo "A new species of the genus Gobio Cuvier, 1816 (Actynopterigii, Cyprinidae) from the Iberian Peninsula and Southwestern France", publicado en el volumen 60 de la revista Graellsia. Gobio lozanoi, en comparación con Gobio gobio, presenta 36-39 escamas en la línea lateral en vez de 39-43, y 3 escamas por debajo de la línea lateral en vez de 4. La relación entre la distancia entre la aleta pectoral y la ventral en relación a la que hay entre la aleta ventral y la anal es de 0,9-1,1 en vez de 0,7-0,9. Además, la distancia preorbital es más corta y la cabeza más ancha.
Tomé esta fotografía y grabé este vídeo en Lekuebaso erreka, municipio de Galdakao (Bizkaia), el 30 de septiembre de 2020.

26 de septiembre de 2020

Picamaderos negro, artículo colectivo de 22 agentes forestales de Bizkaia en la revista Munibe

En el volumen 68 de la revista Munibe, Cienc. nat. han publicado en línea el artículo "Primeros datos sobre la distribución, tamaño poblacional y reproducción del picamaderos negro Dryocopus martius (Linnaeus, 1758) en un área del País Vasco de reciente colonización". Es el resultado del trabajo de campo dirigido y coordinado por Aitor Galarza de 22 agentes forestales de la Diputación Foral de Bizkaia (Aitor Galarza, Igor Aginako, Aitor Ballesteros, Xabier Barreiro, Cristina Cinos, Eneko Díaz, Ander Egia, Juan Ramón Egia, Luki Fondado, Iñaki Garmendia, Antonio González, Diego Hijosa, Urko Ibáñez, Iñigo Iriarte, Francisco Martínez, Jesús Mari Molledo, Iker Novoa, el que esto escribe, Julio Ruiz, Gorka Vacas, Santiago Vallejo y Ernesto Vega). Tomé esta fotografía de una hembra de Picamaderos negro en su nido en un roble americano (Quercus rubra) del municipio de Arrigorriaga (Bizkaia) el 19 de febrero de 2019.
Juan Carlos Lorenzo y el que esto escribe publicamos en el Noticiario Ornitológico del volumen 50(1) de la revista Ardeola el siguiente texto: "Primeras citas para Vizcaya, se observa un ave en el límite entre una repoblación de pino de Monterrey y un hayedo en La Argañeda (Carranza) el 3 de mayo de 2002, a un kilómetro de este punto se observa un macho el 4 de mayo en una repoblación de pino, al parecer las aves vienen siendo observadas en la zona desde hace unos tres años (J. C. Lorenzo y J. M. Pérez de Ana)." Hice esta fotografía en el municipio de Zeberio (Bizkaia) el 10 de abril de 2018.
En 20 años ha pasado de estar ausente en Bizkaia a contar con una población de 50 territorios seguros y 18 probables. Se estudiaron 56 árboles-nidos, casi la mitad de ellos fueron hayas (Fagus sylvatica), pero también los encontramos, en orden de abundancia de mayor a menor, en varias especies de árboles alóctonos: pinos de Monterrey (Pinus radiata), pinos marítimos (Pinus pinaster), robles americanos (Quercus rubra) y eucaliptos (Eucalyptus globulus y E. nitens). En el caso de los pinos, solo usaron árboles muertos previamente. Los nidos se encontraron a una altura media de 9,1 metros, con una altura mínima de 5,2 m y una máxima de 18,4 m. Hice esta fotografía en el municipio de Zeberio (Bizkaia) el 18 de mayo de 2016.

18 de septiembre de 2020

El Árbol de Gernika

Con el permiso de Alberto Santana, publico esta fotografía del gran roble que fue el "Árbol de Gernika" y también el texto que él ha publicado hoy, 18 de septiembre de 2020. El actual, tras ser trasmochado a unos 6 metros de altura, está destinado a ser un árbol pequeño que no podrá nunca competir con su ancestro ni con un gigantesco eucalipto que tiene allí cerca.

Esta es la fotografía más antigua que se conserva del Árbol de Gernika. Nunca había sido publicada hasta hoy. La realizó en 1862 el fotógrafo francés Alphonse Guiard (Saint Beat - Haute Garonne) afincado en Bilbao y casado con Juliana Larrauri (fueron los padres del primer pintor impresionista vasco, Adolfo Guiard, entre otros 14 hijos). Se guarda en un album inédito de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid que Alphonse Guiard regaló a la reina Isabel II con la intención de que le contratara como fotógrafo de la Corte durante la temporada de baños en la Costa Vasca. La reina no le contrató y el álbum quedó olvidado para siempre en las estanterías del palacio. Hasta hoy (gracias Lirio Gonzalez Alonso).

Abajo, en el centro de la imagen, aparece el Árbol Nuevo, recién plantado tan solo un año antes, protegido por una valla de estacas y alambre. Rompiendo con una tradición histórica centenaria, el Árbol se había plantado en un estrecho hoyo abierto en medio del enlosado, por delante del Templete o Tribuna Juradera construido por Antonio de Echevarria en 1831, con forma de templo corintio griego, y al que el arquitecto y las Juntas del Señorío denominaban siempre "Solio", en recuerdo del asiento de madera con gradas y dosel de brocado que se había alzado para la gran ceremonia de vasallaje del Besamanos ofrecida por los vizcaínos a Fernando el Católico después del juramento del Fuero Viejo en 1476.
 
La construcción del Solio, con piedra sillar sacada de las canteras de Oka, Berango y Ereño, había seccionado la mitad de las raíces del Árbol Viejo, situado correctamente detrás del Templete, y acelerado su muerte en unas pocas décadas. Pero la elección del lugar de plantación del nuevo retoño en medio del enlosado tampoco le auguraba una buena vida. A pesar de ello, el nuevo Árbol sagrado sobrevivió sin ser molestado 144 años, siendo testigo de la abolición foral, del bombardeo de Gernika y de la recuperación institucional del autogobierno vasco tras cuatro décadas de dictadura franquista. El pequeño arbolito de la fotografía murió en 2004 víctima de un asesino invisible, el hongo Armillaria mellea. En ese plazo de vida, y a pesar de su anómalo emplazamiento, se convirtió en el principal icono nacional y en la mejor escenografía ritual para reclamar los derechos y libertades del Pueblo Vasco. El pequeño roble creció hasta convertirse en un símbolo universal.

Gora Gernikako Arbola!
Pintura del besamanos a Fernando el Católico ante el Árbol de Gernika

El Señor de Vizcaya juraba respetar los Fueros bajo el árbol de Gernika (Gernikako Arbola en euskera), un roble (Quercus robur) situado delante de la Casa de Juntas en la localidad de Gernika (Bizkaia) que simboliza las libertades que poseen los vizcaínos, y por extensión, los vascos. El pintor alavés Francisco de Mendieta y Retes representó en el año 1609 el besamanos al rey Fernando el Católico, cuando juró los Fueros del Señorío de Vizcaya el 30 de julio de 1476 bajo el Árbol de Gernika. También lo haría la reina Isabel la Católica el 17 de septiembre de 1483, heredera del Señorío de Vizcaya, que pertenecía a la Corona de Castilla desde el 24 de agosto de 1379, fecha de la coronación del rey Juan I de Castilla, bisabuelo de Isabel La Católica. El "Árbol Padre" vivió desde el siglo XIV hasta el año 1881.
El "Árbol Viejo"

El "Árbol Padre" ante el que juraron los Fueros los Reyes Católicos murió en el año 1811, pero ya en 1742 se plantó un retoño, que murió en 1892 y cuyo tronco, el "Árbol Viejo", se conserva junto a la Casa de Juntas.
El actual Árbol de Gernika

El 20 de abril de 2004 murió el Árbol de Gernika debido al hongo Armillaria mellea, por lo que fue sustituido por uno de sus retoños el 25 de febrero de 2005, que murió el 14 de enero de 2015. El Árbol de Gernika actual, hermano del anterior, fue plantado el 2 de marzo de 2015 cuando tenía 15 años y es sucesor directo del Árbol bajo el que se celebraron las Juntas durante siglos. 

16 de septiembre de 2020

Epilobium duriaei

Epilobium duriaei es escaso en el País Vasco, donde vive en repisas herbosas orientadas al Norte, de las crestas calizas más elevadas. Emilio Guinea lo herborizó el 28 de julio de 1946 en "hoyos de la campa de Arraba". Posteriormente, los autores del "Catálogo florístico de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa" lo herborizaron en el monte Aldamin, WN1866, 1360 m, donde la vi por primera vez el 5 de julio de 1987, hace 33 años. Tomé esta fotografía un 27 de julio.

31 de agosto de 2020

Argiope bruennichi

Argiope bruennichi es una araña inconfundible por su gran tamaño y por su abdomen de bandas negras y amarillas, por lo que recibe el nombre de araña tigre. El cuerpo de las hembras mide alrededor de 20 mm de longitud y son fáciles de ver, muchas veces en su telaraña. Los machos, en cambio, no superan los 5 mm y son difíciles de ver. Si queremos verlos, debemos buscarlos cerca de la red de la hembras, donde esperan a que completen su última muda y lleguen a la madurez sexual, cuando intentan fecundarlas, aprovechando que en ese período sus quelíceros no tienen la rigidez necesaria para atravesar su cuerpo. Si escogen mal el momento lo pagan con la vida y son devorados por las hembras. Tomé esta fotografía cerca de Orrotegi, municipio de Orozko (Bizkaia), el 31 de agosto de 2020.

Erica ciliaris

Erica ciliaris habita en márgenes de turberas y enclaves húmedos de brezal-argomal. Los autores del "Catálogo florístico de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa" lo herborizaron en el monte Oketa, WN2261, 800 m y en Murua, WN2059, 800 m. Tomé esta fotografía en una zona de turbera cerca de Orrotegi, municipio de Orozko (Bizkaia), el 31 de agosto de 2020.

20 de agosto de 2020

Sedum album

Sedum album vive en rellanos de laderas calizas soleadas, pero suele colonizar viejos muros y techumbres. Tomé esta fotografía en Atsogureak, municipio de Orozko (Bizkaia), el 16 de julio de 2020.

20 de julio de 2020

Cistícola buitrón

El Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) nidifica en algunos prados de fondo de Zeberio. Es una especie mediterránea que se ha expandido hacia el norte de Europa durante el siglo XX, pero que sufre importantes mortandades en los inviernos más fríos. A finales de la década de 1950 inició su expansión por la franja costera cantábrica. Como explicó Aitor Galarza en su tesis doctoral "Distribución espacio-temporal de la avifauna en el País Vasco", el frío invierno de 1984-1985 exterminó la población asentada en el franja costera vasca, pero una década después había recuperado su población gracias a su gran capacidad de recolonización desde los humedales costeros y fluviales, que son sus zonas refugio durante los días más fríos del invierno.

18 de julio de 2020

Atardecer en las montañas de Orozko el 17 de julio de 2020

 Menhir de Kurtzegan

Fue mi amigo Felix Mugurutza quien descubrió el menhir de Kurtzegan, como expliqué en "El descubrimiento del menhir de Kurtzegan". Ahora es muy reconocible, pero no lo era cuanto estaba roto en tres partes sobre el suelo. Un cuidadoso y respetuoso trabajo de restauración hace que hoy podamos verlo así, como conté en "Menhir de Kurtzegan".
Menhir de Kurtzegan

Ovejas junto al menhir de Kurtzegan e Itzina al fondo

 Ovejas junto al Kurtzegan hacia Kolometa

 Ladera entre las cimas de Kolometa y Ubizieta o Egilleor

Pista entre las cimas de Kolometa y Ubizieta

 Itzina desde el collado entre Kolometa y Ubizieta

 Itzina desde la pista a Araneko Harria

 Atxogureak y Askorrigan

Atxogureak

 Itzina bajando de Austegiarmin

 Arasketa e Itzina al fondo

Estuve probando mi nueva cámara réflex (llevaba más de 10 años sin hacer foto de paisaje con una cámara réflex). Disfrute mucho. Los objetivos ya los tenía desde entonces. Por recomendación de mi amigo Roberto González, pedí la nikon d7500. La compré donde era más barata en su momento: 734 euros en una página web. Pensamos que me habían timado, ya que tardó exactamente un mes desde que la pagué hasta que llegó a casa, Covid 19 mediante. Justo este día hice 20 años trabajando como agente forestal para la Diputación Foral de Bizkaia.
Cometa Neowise

17 de julio de 2020

Alcotán europeo

El Alcotán europeo (Falco subbuteo) es un ave rapaz forestal y estival. Pasa la mitad del año en África y llega al Macizo del Gorbeia en abril, para reproducirse y regresar al continente africano en los meses de septiembre y octubre. En España se distribuye de forma continua en la mitad norte, donde es un ave escasa, más común hacia el norte. Habita en pequeñas arboledas, bordes de bosque y en paisajes en los que alternan grupos de árboles con superficies abiertas. Según nuestro artículo "Situación y problemática de las aves rapaces diurnas forestales en el Parque Natural de Gorbeia", publicado en el año 1999 en la revista Estudios del Museo de Ciencias Naturales de Álava, en 1998 sólo obtuvimos un contacto, de una pareja en vuelo. Para saber más véase la Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles. Está incluido en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas en la categoría de "Rara". Tomé esta fotografía desde el collado entre las cimas de Kolometa y Ubizieta o Egilleor, municipio de Orozko (Bizkaia), el 17 de julio de 2020.