7 de noviembre de 2014

Mintegizarra, breve historia de la explotación forestal

En el monte Arlamendi, justo en el límite entre los municipios de Orozko (Bizkaia) y Zuia (Araba) hay un paraje llamado Mintegizarra, topónimo recogido por mi amigo Félix Mugurutza en el Mapa del Municipio de Orozko. El topónimo encaja perfectamente con lo que podemos ver allí, si sabemos que mintegi=vivero y zarra=zaharra=viejo. El 17 de noviembre de 2013 el historiador Juanjo Hidalgo, redactor junto a Félix de la añorada revista Aunia, guió desde Orozko una excursión para "visitar dos antiguos viveros de árboles, construidos en la Edad Moderna por orden del Señorío e impulsados por la Corona, con el fin de cuidar el bosque y asegurar la existencia de buenos y abundantes ejemplares arbóreos para las necesidades constructivas y de la armada". Tomé estas fotografías allí el 29 de octubre de 2014. 
Siendo Rey de España Fernando VI (1713-1759), el Marqués de la Ensenada, secretario de Hacienda, Guerra, Marina e Indias, promulgó el 31 de enero de 1748 la Ordenanza General de Montes y Plantíos para producir la madera necesaria en los astilleros para la construcción naval. Por entonces una marina poderosa era fundamental para una potencia con imperio en ultramar que debía defenderlas ante las aspiraciones de Francia y Gran Bretaña. Para ello, el Marqués de la Ensenada incrementó el presupuesto y amplió la capacidad de los astilleros. Ya en el siglo XVIII España consiguió un gran poder naval.
Basándose en dicha Ordenanza General de Montes y Plantíos, el Señorío de Vizcaya promulgó otra equivalente el 18 de julio de 1752 "en cumplimiento de Reales Órdenes comunicadas por el Exmo. Sr. Marqués de la Ensenada para el fomento, plantío, cría, conservación y aumento de los montes de este distrito".
En la justificación de esta Ordenanza, se puede leer: "conducentes a la cría y conservación de los montes de este Señorío, desseando para mayor servicio del Rey, nuestro señor (Dios le guarde), sus reales fábricas de bageles, manutención de los ingenios reales, para herramientas, clavazón, clavillage y otros ministerios, como también para el abasto, alimento y provisión de las herrerías, reparo y conservación de ellas, construcción de barcos y navíos para transportar maderamen a los reales astilleros, y de la vena de hierro a las mismas herrerías y los barcos necesarios para continuar la nabegación y comercio de los naturales en que se pueda criar marinería apta para la tripulación de Reales esquadras, y que no falte el maderamen necesario para estos efectos, con atención a todo esto, y a la esterilidad del terreno y como término a que se extiende la jurisdicción de este Señorío, sus Encartaciones y Merindad de Durango, en que son muchas las porciones de montes inútiles y nada proporcionadas e incapaces de producir árbol alguno, y otras mayores ocupadas por castaños, cuio fruto es uno de los que contribuyen a la manutención de los naturales, poco menos que una tercera parte del año, y que muchas otras sólo producen madroños o bortos igualmente ineptos para plantar ni producir árboles, en este cierta y práctica inteligencia deseando ansiosamente conciliar la observancia y ejecución de los soberanos mandatos con la utilidad y conservación de éste, aunque infecundo, ilustre solar conforme al piadoso animo de su Majestad, todos los caballeros constituyentes de esta junta unánimes acordaron los capítulos siguientes."
Se explica cómo deben ser y funcionar los viveros: "Que para assegurar que los viveros salgan de buena calidad han de procurar escoger la más lucida simiente de cada especie y el más proporcionado terreno para el sembrío, defendido con ballados o setos que impida la entrada de los ganados, procurando quitar la maleza y limpiar los cajigos (a los robles en Cantabria se les llama cajigas actualmente), y cuando lleguen a tener sazón para el plantío se sacarán los más lucidos y de competente grueso de cinco a seis onzas y los que no fuesen de esta calidad han de quedar en el mismo sitio a competente distancia guiándolos y limpiándolos para árboles brabos cuya providencia se deberá observar así en la siembra, cría de viveros, y plantíos comunes de los pueblos, como de los dueños particulares de montes, y plantados que sean los han de tener bien espinados para preservar el daño que suelen hacer los ganados arrimándose a ellos; comprendiéndose igualmente en esta regla las cofradías, barriadas, dueños de caseríos y vecinos que tienen terreno para el plantío".
En cuanto al ganado y la necesidad de guarda, se dice: "Para que más bien se cumpla lo referido en el capítulo antecedente se ha de guardar inviolablemente la regla dispuesta por la ley primera título treinta y quatro del fuero que manda echar los ganados a los montes y egidos altos con guarda y piertega so las penas establecidas en la otra ley y además que se hallan impuestas en reiterados decretos de Juntas Generales y se entienden a que qualquiera pueda matar las cabras que entraren sin este resguardo".
La Ordenanza de Montes del Señorío de Vizcaya del año 1752 adjudica al Rey de España toda la producción de madera: "Que se ponga igual cuidado en el plantío de nogales, su cría y conservación en sitios proporcionados y no se permita la extracción de ésta ni otra especie de madera fuera de este Señorío, no siendo con destino para el Real Servicio a cuyo principal fin van dirigidas estas reglas, por haberse experimentado exorbitante perjudicial extracción de muchos años a esta parte en que se han sacado grandes porciones de madera y especialmente de nogales para el Reyno de Inglaterra y otros extraños."
Se previenen los incendios: "Igualmente y para el mismo fin se prohíbe poner fuego de noche, ni en tiempo ventuoso a los argomales, zarzales, confines de heredades o montes; sí sólo se permite en casos precisos y necesarios para el pasto de los ganados que se pueda dar fuego de día y en tiempo sereno en las ocasiones y forma que prescribe la ley..., de manera que no passe el incendio de las sierras razas y argomales a hacer daños en los montes poblados y heredades labrantías y por ningún pretexto, aunque sea a beneficio del pasto en aquellos argomales o sierras donde nacen y se crían árboles, y en caso de contravención se proceda como contra incendiarios, la execución de las penas contenidas en las leyes..." Pinchad en la imagen para verla más grande.
La Ordenanza General de Montes y Plantío de 1748, en tiempo del Rey de España Fernando VI, en su artículo 25 establece la figura de los "guardas de campo y monte con ese título, o el de celadores, ordenándoles que prendan, denuncien a los taladores, causantes de incendios, introductores de ganados en plantíos procurando que dichos guardas sean hombres de buenas opinión, fama y costumbres. Mediante un decreto también establece que habrá personas con "un saber ganado por el estudio". Pinchad en la imagen para verla más grande.
 
Ya Carlos II (1661-1700), tío-abuelo del padre de Fernando VI, dictó en el año 1677 una Real Ordenanza que estableció la "vigilancia de las masas arbóreas y los animales salvajes que las habitasen". Una Real Orden del Rey de España Carlos III (1716-1788), hermanastro de Fernando VI, creó la Compañía de Fusileros Guardabosques Reales.
Como se dice en el libro "Análisis y diagnóstico de los sistemas forestales de la Comunidad Autónoma del País Vasco", editado por el Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco en el año 1992, "en la Edad Moderna, uno de los aprovechamientos industriales que más influyó en la fisonomía de los bosques vascos de la vertiente atlántica y zona de influencia en la mediterránea fue el de la corta de leña para la fabricación de carbón vegetal para ferrerías".
Pero como también se puede leer en el citado libro, "la Marina condicionó el aprovechamiento de la madera de las masas forestales con el fin de atender a las crecientes necesidades de la construcción naval". En tiempos de Felipe II (1527-1598), bisabuelo de Carlos II, cuando España llegó a ser la primera potencia mundial, se construyó la "Armada Invencible" con más de un millón de metros cúbicos de madera en rollo. "Junto con la construcción naval, las ferrerías condicionaron el aprovechamiento de la leña, propiciando ambas solicitaciones la práctica exagerada del trasmochado de los árboles en muchos lugares de la vertiente cantábrica vasca y zonas inmediatas. Las exigencias del pastoreo dificultaban los cierres para regeneración, favoreciendo la corta para carboneo y, además, la explotación a matarrasa de considerables extensiones produjeron la reconstitución de la masa forestal a través de brotes de cepa, mediante el método de beneficio o aprovechamiento forestal de monte bajo, perdurando aún algunas masas que fueron así tratadas".
Hacia el siglo XIII se construyeron en el País Vasco las primeras ferrerías hidráulicas, que empleaban la fuerza del agua para impulsar los mazos y los fuelles de las ferrerías. Sin embargo, las últimas ferrerías de montaña o "haizeolak" siguieron funcionado hasta el siglo XVI. A mediados del siglo XVI Bizkaia contaba con unas 180 ferrerías hidráulicas. Para obtener 1 kg de hierro eran necesarios 5 kg de madera de haya, roble o encina. La producción de carbón vegetal para las ferrerías alcanzó gran importancia en los siglos XVII, XVIII y XIX, llegando dicho aprovechamiento hasta la primera mitad del siglo XX.
La superificie forestal del País Vasco alcanzó su mínimo en el siglo XIX, sobre todo en los territorios costeros. La financiación de las guerras de la Convención (1794), Independencia (1808-1813) y, sobre todo, la I Carlista (1833-1839) provocó la venta de bienes públicos, principalmente de los montes arbolados, a la que siguieron las leyes desamortizadoras de Mendizabal (1836-1837), Espartero (1841) y Madoz (1855). Las dos primeras pusieron en venta propiedades del clero para obtener ingresos para el Estado. En la de Mendizabal se vendieron grandes fincas, a un precio que solo podían pagar los nobles y los burgueses urbanos adinerados. La Iglesia tomó la decisión de excomulgar tanto a los expropiadores como a los compradores de las tierras, por lo que las compraron mediante intermediarios. La desamortización de Madoz, ministro de Hacienda por entonces, fue la más importante de todas y, además de propiedades del clero, se vendieron otras del Estado, las Órdenes Militares y otras instituciones. 
En conjunto, se calcula que mediante las desamortizaciones liberales del siglo XIX se obtuvieron 14.000.000.000 de reales con la venta de las propiedades en "manos muertas", de las que el 30% pertenecían a la Iglesia, el 20% a la beneficencia y el 50% a los municipios. Esos ingresos extraordinarios sirvieron para sanear la hacienda pública, pero perjudicaron a la mayor parte de la población rural, ya que vendieron gran parte de los montes comunales. Desde el punto de vista de la conservación de la Naturaleza, supusieron la mayor catástrofe ecológica que ha sufrido la Península Ibérica, ya que se talaron y roturaron millones de hectáreas de bosques. Muchos de los nobles y burgueses que compraron fincas amortizaron rápidamente el coste de la compra con la venta del carbón vegetal elaborado a partir de los bosques talados y gran parte de la superficie forestal acabó convertida en tierras de cultivo.
En cuanto a Mintegizarra, en respuesta a mis preguntas, el historiador Juanjo Hidalgo me escribe: "Es difícil saber con cierta seguridad cuándo se construyen dichos viveros, ya que los requerimientos para tal fin los encontramos desde el siglo XVI, y ciertamente ya se construían viveros para asegurar un buen abastecimiento de madera, sobre todo para la Corona y la construcción. La buena cerca de piedra que cierra los viveros de Arlamendi (de Arrola + mendi, que es como se llama a la zona alta) es una fábrica del siglo XVIII, de buena pared en seco con piedra de mampostería del propio sustrato de la zona, y techada por losas planas muy bien apañadas no sólo para darle un terminado bonito sino por efectos prácticos, ya que evitaban la penetración de humedades, hielo y semillas de plantas que acabarían por resquebrajar el muro. Pero en aquellos viveros en los que nunca hubo muro de piedra y sí un cierre de talud (trabajo de cárcaba) con estacas espinadas no queda nada o al menos pocos restos visibles que los identifiquen con la función para la que surgieron. En fin, Arlamendi sabemos que fue utilizado hasta 1901 ó 1902, que es el último contrato del vivero, coincidiendo con la crisis del bosque y de las ferrerías, el broche final." La parcela cerrada por el muro tiene una superficie de unos 5.300 metros cuadrados y dentro  hay 53 robles (Quercus robur) plantados y de gran diámetro. En la ladera sur del monte Arlamendi predomina el marojo (Quercus pyrenaica) y en su ladera norte se encuentra el mayor robledal albar (Quercus petraea subsp. petraea) de Bizkaia, del que ya hablamos en "Robledales albares". En la foto, el tronco de uno de estos robles o cajigos (Quercus robur), como se les denomina en la Ordenanza de Montes del Señorío de Vizcaya de 1752.
También hay 18 hayas (Fagus sylvatica), algunas de gran diámetro. En la ladera sur del monte Arlamendi se encuentra el "Hayedo de Edia", del que ya hablamos, haciendo notar que los árboles estaban plantados en filas y de cómo el botánico Pedro María Uribe-Echebarría me explicó que era un hecho común a los hayedos y robledales más viejos del País Vasco. En la foto, una de las hayas que hay dentro del vivero viejo de Arlamendi, situado a 720 metros de altitud sobre el nivel del mar.
Los robles y hayas que han crecido dentro del cercado de piedra de Mintegizarra destacan en el paisaje.
En el día de la visita el color rojizo de las copas de las hayas hacía que fueran visibles desde la pista forestal que sube desde la ermita de Garrastatxu hasta el monte Nafakorta. Como se puede apreciar por el color de las copas de los árboles, la ladera sur del monte Arlamendi está cubierta por marojal (Quercus pyrenaica).
Localización de Mintegizarra, dentro del Parque Natural de Gorbeia, en el límite entre Bizkaia y Araba. Pincha en la imagen para verla más grande.
Situación del muro de piedra perimetral de Mintegizarra en una vista aérea desde el oeste. Pincha en la imagen para verla más grande

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