22 de mayo de 2012

Picamaderos negro, el estudio alavés

Efectivamente, tengo pendiente hacerle una buena fotografía a un Picamaderos negro (Dryocopus martius), pero me sirve para invitaros a leer la Memoria "Distribución y población del Picamaderos negro Dryocopus martius en Álava. Año 2011", redactada por mis amigos José Antonio Gainzarain y José María Fernández García, coordinadores del trabajo de campo realizado en el año 2011 por 30 ornitólogos voluntarios y 16 guardas de la Sección de Parques Naturales de la Diputación de Álava. En dicha Memoria estiman entre 21 y 24 territorios, lo que no equivale al número de parejas reproductoras, ya que se sabe que, en poblaciones estables como las de los Alpes, un 25% de los territorios están ocupados por aves solitarias. Parece evidente que ese porcentaje debe ser aún mayor en el País Vasco, donde la especie se encuentra en expansión, con ejemplares que vagabundean por amplios territorios donde no hallarán una parcela de hayedo que alcance el tamaño mínimo que requiere una pareja reproductora (unas 100 hectáreas) y aún menos las 300-400 hectáreas del tamaño medio de un territorio de este pícido. De esta manera, en Bizkaia hay ejemplares solitarios que han permanecido durante varias semanas o meses en territorios sin hábitat adecuado de nidificación en municipios como Sopuerta, Zeberio u Orozko, alimentándose de los insectos que encuentran bajo la corteza de pinos de Monterrey (Pinus radiata) viejos y enfermos.
En Araba en el año 2011 solo comprobaron su reproducción en el Parque Natural de Gorbeia, donde 3 parejas de las que sigue nuestro amigo Javier Villasante consiguieron reproducirse con éxito. En uno de los territorios del hayedo de Altube, Javier Villasante nos enseñó hasta 11 nidos, seguramente de una misma pareja reproductora. En el País Vasco hay alguna población-fuente como la de Altube que puede estar produciendo jóvenes desde hace más de 10 años. Estos jóvenes, tras la saturación de los hayedos de los que proceden y ante la falta de hábitat adecuado, son los que vagabundean por los montes vascos, donde consiguen encontrar alimento en las plantaciones viejas y enfermas de Pino de Monterrey (Pinus radiata), según puede apreciarse en esta fotografía. Algunos ornitólogos tienen la esperanza de que sean capaces de aceptar estas plantaciones de coníferas como hábitat de nidificación. Estas plantaciones forestales, más que como posible hábitat de nidificación de una población en expansión, deben funcionar como sumidero, donde las aves mueren por depredación natural o a tiros, sin llegar jamás a reproducirse.

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