14 de abril de 2010

Lobo

El Lobo (Canis lupus) es el superdepredador más extendido del Hemisferio Norte y, por lo tanto, cumple un papel ecológico fundamental e irreemplazable al controlar las densidades de los grandes herbívoros y del resto de mamíferos carnívoros, eliminando animales débiles, viejos o enfermos, impidiendo que las enfermedades contagiosas prosperen y se extiendan. En los lugares donde falta, sólo el Hombre mediante la caza puede evitar el aumento desmesurado de las poblaciones de muchas de esas especies, como sucede con los jabalíes, los corzos y los ciervos en el Macizo del Gorbeia. El lobo es el ancestro del "mejor amigo del Hombre: el perro" y, a la vez, el animal más odiado y perseguido desde tiempo inmemorial por los daños que produce a los animales domésticos de los pastores y ganaderos y, en casos excepcionales y mal documentados, a seres humanos, especialmente bebés y niños pequeños. Son innumerables las historias y leyendas que lo incluyen como protagonista principal y no siempre es fácil saber dónde termina la historia y comienza la leyenda. En cualquier caso, los daños que han provocado a la ganadería en el norte de la Península Ibérica han debido ser objetivamente muy importantes. Sólo así se explica el trabajo que ha requerido la construcción de unas estructuras exclusivas de este territorio denominadas "loberas" que han llamado la atención de antropólogos y etnólogos como Julio Caro Baroja en su obra "Los vascos" o Félix Murga, que publicó en el año 1978 en la revista Kobie un artículo titulado "Catálogo de loberas de las provincias de Álava, Burgos y León". Sin embargo, la forma más habitual de captura ha sido el cepo. Su captura fue recompensada a lo largo de varios siglos y en el año 1904 se cazó en el monte Berretín, municipio de Zuia (Álava) el que se pensó fue el último lobo del Macizo del Gorbeia. Casi pasó un siglo hasta que el 29 de julio de 1994 se volvió a abatir un macho inmaduro en la ladera sur del monte Gorbeia (Álava). Desde entonces, lobos en dispersión consiguen atravesar la autopista AP68 con cierta regularidad, pero todos son eliminados en cuanto se tiene noticia de su presencia.
Según la leyenda que puede verse grabada desde el 20 de junio de 1988 en el monolito erigido en el collado de Araneko Harria, municipio de Orozko (Bizkaia): "A una chica le comió el lobo. 14-diciembre-1308. Caserío Arane. Picaza-Garay". Esta leyenda se la contó en el año 1922 Pedro María de Sautu, del pueblo de Olarte, a José Miguel Barandiaran y está publicada en su obra "El mundo en la mente popular vasca", dónde se puede leer lo que le relató: "Una joven del caserío Arane subió una vez a Gorbeia a retirar las ovejas de su rebaño, que pacían en aquella montaña. Pero, envuelta de improviso por espesa nube, se desorientó de tal suerte, que no pudo hallar el camino de su casa. Allí se le hizo de noche. Luego vinieron unos lobos y la devoraron. Su familia la buscó en vano por muchos días. Solo hallaron sus cabellos en el collado de Aranekoarri". Según escribe a continuación José Miguel Barandiaran: "Este nombre parece sería primitivamente de alguna piedra que existió en aquel collado. El día 23 de Mayo de 1922, hice una excursión por aquellas montañas, acompañado de un labrador de Orozko. Éste no sabía cuál era la piedra. Entre otras muchas, vimos dos no muy grandes, empotradas en el suelo a modo de mojones, una frente a la otra. Mandé hacer una excavación a su lado y hallé un pedernalito informe y un trozo de cristal de roca, hallazgo que, por su semejanza con objetos que se descubren en nuestros dólmenes, me hicieron pensar que allí existió quizá algún túmulo o sepultura prehistórica. Pero nada puede afirmarse con seguridad". Sin más restos de la joven que unos cabellos, parece muy poco probable que fueran los lobos los causantes de su desaparición. Durante la Dictadura de Franco se sucedieron varios episodios de presuntos ataques a bebés en la provincia de Ourense, pero tampoco se tiene a día de hoy la seguridad de su autoría. En la localidad orensana de Allariz fue juzgado y condenado a morir mediante garrote vil el 6 de abril de 1853 Manuel Blanco Romasanta, que reconoció haber matado a 9 personas a sangre fría, usando sus manos y dientes para acabar con sus vidas y comérselos, aunque la Reina le conmutó la pena por la de cadena perpetua. En el año 1935 el portugués José Pires también mató y se comió a varias personas en la comarca de El Bollo, también en la provincia de Ourense.

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