14 de febrero de 2010

Terreña y betizu

Un Uro (Bos primigenius), el ancestro del ganado vacuno, pintado en rojo en la Cueva de Arenaza, municipio de Galdames (Bizkaia). El Grupo Espeleológico Vizcaíno (GEV) descubrió el yacimiento arqueológico en el año 1962, pero no fue hasta el 3 de febrero de 1973 que los 4 hijos del ingeniero bilbaíno Pedro María Gorrochategui descubrieron las pinturas rupestres.
Una raza autóctona del País Vasco muy arcaica y en peligro de extinción es el betizu. Tomé esta fotografía de un toro betizu, propiedad de Mario Egizabal, en Gamiz (Bizkaia).
La vaca terreña es una raza autóctona del País Vasco. Hace unos 60 años la casi totalidad de las vacas que pastaban en el Macizo del Gorbeia era de esta raza según el testimonio de José María Olabarria, "el rubio" de Urigoiti, municipio de Orozko. Se empleaba como animal de trabajo. Su aptitud cárnica es menor que la de otras razas más productivas como la pirenaica o la limusina. En la actualidad, la mayoría de las vacas que pastan en Gorbeia es de raza pirenaica y sólo las subvenciones y la voluntad de algunos ganaderos han conseguido preservar a esta pequeña raza autóctona, perfectamente adaptada a la vida en estos montes. Tradicionalmente, esta raza se ha empleado en el deporte rural vasco consistente en el arrastre de piedra con pareja de bueyes, las populares "idi-probak". Hice esta fotografía entre Urratxa y Igiriñao, municipio de Orozko.
El uro fue domesticado hace unos 8.500 años. La caza y la deforestación hicieron disminuir rápidamente su área de distribución y ya en la baja Edad Media sólo abundaba al este de Alemania. En el siglo XVI sólo existía en los bosques polacos de Jaktorów y Wiskitki. En el año 1476 la propiedad de esos bosques y el derecho a cazar en ellos pasó a la familia real polaca. Durante el reinado de Segismundo I el Viejo y su sucesor los uros estuvieron vigilados constantemente para que no fueran molestados por los hombres o los animales salvajes, y en invierno se les alimentaba con heno. Los reyes posteriores no fueron tan cuidadosos, aunque siguieron cazándolos. Varios censos reales reflejan su lenta e inexorable disminución. En el año 1564 se censaron 38 ejemplares en estos bosques, pero en 1566 sólo quedaban 24, y en 1602 apenas se encontraban 5 animales en Jaktorów, 4 machos que fueron cazados en los 20 años siguientes y una hembra a la que se indultó, muriendo por causas naturales en 1627, fecha de la extinción del uro. Tomé esta fotografía en Algorta, municipio de Orozko (Bizkaia).

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