10 de abril de 2017

La niña Catalinche de Guesala durante la caza de brujas

A nuestros días ha llegado una idea romántica, idealizada y moderna sobre las brujas que poco se parece a la que tenían los vecinos de las personas acusadas y juzgadas por brujería entre los años 1440 y 1620. Han quedado por escrito las acusaciones y los testimonios que se recogieron durante los Autos de Fe celebrados por la Santa Inquisición. Entre los testimonios destaca el de una niña llamada Catalinche de Guesala que tenía ocho años cuando en el año 1555 comenzó el Auto de la Fe en contra de las brujas de Ceberio, que debían ser entre 20 y 40, según su testimonio. En la fotografía, el caserío Gezalabekoa, del siglo XVI, en el barrio de Gezala del municipio de Zeberio, donde es posible que viviera Cataliche de Guesala.
Evidentemente, las brujas nunca existieron ni tampoco los "akelarres", como los que relató Catalinche de Guesala, donde las brujas y los brujos bailaban, practicaban sexo, incluso "contra natura", y realizaban todo tipo de herejías contra la moral cristiana, según las acusaciones vertidas en los Autos de Fe. Las brujas fueron el "enemigo común" que inventaron los poderosos en un momento de crisis política y social, como explicó Mikel Zabala en el capítulo "La hora de las brujas" de la serie documental "Una historia de Vasconia", que dirige y presenta el historiador Alberto Santana. El testimonio de Catalinche de Guesala sirvió para condenar "a tormento de agua e cordel" a 21 personas, entre ellas Juan de Hereinoxa, su mujer, su madre, su hermana, una tal Mariachea, Marina de Barbachano y su hija, Juan de Ysasi, Diego de Guinea y María Ochoa de Guesala. 
En un ambiente de terror e histeria popular en contra de las brujas, los testimonios tomados bajo tortura, principalmente psicológica, eran creídos por la población. Casi 30.000 personas estuvieron presentes durante casi tres días completos en el Auto de Fe celebrado junto a la catedral de Logroño en la primera semana de noviembre de 1610. El testimonio de María de Ximildegui sirvió para condenar a morir en la hoguera a 11 de los 53 acusados de Zugarramurdi y Urdazubi. Para cuando se dictó sentencia, 13 de los acusados habían muerto en prisión por fiebres tifoideas. Finalmente, quemaron en la hoguera a cinco. Uno de los inquisidores, Alonso de Salazar y Frías (1564-1636), fue el principal responsable del final de la caza de brujas vascas. En contra del deseo de los gobernantes locales, explicó que no hubo brujas hasta que se empezó a hablar de ellas y que los juicios y las sentencias solo se basaban en testimonios, nunca en pruebas. El 90% de los acusados fueron mujeres, la mayoría de ellas mayores, pobres y viudas, sin dinero para pagar abogados.

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